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HISTORIA CULTURAL DE LOS HISPANOHABLANTES EN JAPÓN, DE ARACELI TINAJERO

Xiaoran Liu

Universidad Carlos III de Madrid

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Los seres humanos son entes sociales que no dejan de buscar comunicación interpersonal con la gente que puede compartir una lengua materna común. Esto es importante, sobre todo, para una comunidad minoritaria venida de ultramar que vive en un país desconocido. El libro Historia cultural de los hispanohablantes en Japón, de Araceli Tinajero (Escribana Books, 2019), acaba de publicarse después de una profunda investigación por parte de la autora en archivos y entrevistas. Tinajero nos presenta la vida cultural de la comunidad hispanohablante en ese país asiático durante las últimas tres décadas: desde los blogs hasta la literatura, desde la música hasta los festivales, así como los medios de comunicación, diarios, revistas y la radio.

Tinajero es autora de dos libros previos cuya temática es el lejano Oriente; Orientalismo en el modernismo hispanoamericano y Kokoro, una mexicana en Japón. Según cuenta la autora en este último libro, ella vivió durante unos años en Nagoya a principios de los ochenta. Por aquel entonces el ambiente hispánico era prácticamente inexistente, no había ni revistas ni periódicos en español en Japón. Sin embargo, cuando regresó a ese país en 2009, descubrió que el lugar en el que ella había vivido se había transformado. El aumento de inmigrantes hispanohablantes durante las últimas décadas ha fomentado su incorporación a la sociedad y la producción cultural en español. Por eso decidió emprender el estudio que ahora presenta en Historia cultural de los hispanohablantes en Japón.

Este libro está constituido por cuatro partes: los intelectuales, los medios de comunicación, el terreno musical y los festivales, y la literatura. Un aspecto sobresaliente del libro es el contacto directo que Tinajero tuvo con los hispanohablantes. La autora realizó varias entrevistas para obtener testimonios auténticos. Por ejemplo, en cuanto a la motivación para llegar a Japón o aprender japonés, se observa que a intelectuales Elena Gallego les interesa la cultura y la literatura, por un lado; y, por otro, teniendo en cuenta sus planes a largo plazo, es preciso aprender el idioma para integrarse en la sociedad. Siendo inmigrantes occidentales podemos imaginar las dificultades que encontraron en este proceso de asimilación. Pero ¿cómo se lucha o cuáles son las negociaciones cuando se vive entre dos culturas? Gallego cree que ella es una suerte de puente. Ella es traductora e investigadora de literatura y cultura; es decir, promueve la cultura hispánica en Japón al mismo tiempo que disemina la cultura japonesa en el mundo hispánico. Además, esto le ofrece la oportunidad de ver su mundo desde fuera y entender la vida desde otra perspectiva.

En el capítulo sobre los medios de comunicación, sus entrevistas nos llevan a aquella época antes de que el internet fuera asequible al público en general.  Por ejemplo, para los hispanohablantes la radio era una manera sencilla y directa de enterarse de lo ocurrido a su alrededor. No obstante, la existencia de este medio no solo se ciñe al ocio y entretenimiento, sino que también desempeña una función imprescindible en el tiempo de las catástrofes naturales. Tal fue la creación de la Radio FM YY bajo el contexto del Terremoto de Kobe, con la intención de emitir noticias de última hora sobre el terremoto e información sobre las necesidades esenciales para la gente que no entiende japonés (152-153).

Si bien el idioma afecta a la comprensión de noticias, éste destruye las barreras en el terreno musical y dancístico. En el libro la autora presenta algunos artistas que combinan un tipo de danza hispánica con elementos japoneses, incluyendo el kabuki. Por ejemplo, Komatsubara creó la obra Honoo to furamenko (La llama y el flamenco) en la que mezcla estilos, vestuario, ritmos, etc., precisamente el espíritu que la artista pretende transmitir. Es decir, la idea de que “en el arte no hay fronteras” y para ella la fusión del flamenco y el teatro clásico Noh le ofrece una experiencia sublime que va más allá y que solo se puede expresar con el lenguaje corporal (186).

Tinajero es sobre todo crítica literaria y en el cuarto capítulo hace un estudio de la prosa y poesía escritas en Japón. A través de un profundo análisis de textos producidos por escritores de varios países del mundo hispánico ahonda en los temas que les conciernen a esos escritores como son la tecnología, la cotidianidad, la ciudad y la discriminación, por citar algunos. En ese mismo capítulo también hace un interesante estudio de las bibliotecas que se encuentran en los pequeños centros culturales.

A través de varias fotos se puede ver que hoy en día se celebran festivales tanto religiosos como laicos. Tras tantos años de trabajo y esfuerzos, la cultura hispánica ha logrado ocupar un lugar entre las culturas extranjeras que conviven en la sociedad japonesa. Como menciona Tinajero en Historia cultural de los hispanohablantes en Japón, el internet ha ayudado a promover la cultura, pero también existe una gran parte de esta que no es obvia ni asequible en este medio; sin embargo, es importante y sobre todo es imperativo documentarla. En suma, el libro de Tinajero subraya que tanto los intelectuales, los profesionales, los fundadores de periódicos, de estaciones de radio, de revistas y los artistas, entre muchos otros, no solo han trabajado muchísimo para difundir y preservar la cultura hispánica en ese país, sino que al mismo tiempo están inscribiendo un legado para las generaciones futuras.

 

 

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