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Voces de Staten Island: reseña del libro Staten Island, mi historia / Staten Island, my story

Rosalía Reyes

The Graduate Center — CUNY

rreyessimon@gradcenter.cuny.edu

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Cover of "Staten Island, mi historia"

“Sin lenguaje no puedes sentir que tienes una presencia legítima y respetada.

No tienes voz, no tienes poder”.

—Jhumpa Lahiri, En otras palabras

 

Ciudad de Nueva York. —Con este epígrafe inicia la antología bilingüe Staten Island, mi historia/Staten Island, my story y con él estallan voces que se hacen escuchar desde el a veces denominado “The Forgotten Borough of New York” y entonces dirigimos el oído y la vista más allá de la bahía para ser testigos de historias llenas de memoria y afectos.

Estxs escritorxs descubren con su lenguaje escrito y visual —el libro contiene imágenes de algunos barrios— lxs cuerpos que habitan las calles, viviendas y edificios del condado al desembarcar del ferry que conecta con Manhattan.

El volumen, a cargo de la escritora peruana Rocío Uchofen tiene varios aciertos que seguramente fueron también desafíos en el proceso escritural: el primero es la fusión de voces jóvenes con otras ya experimentadas, que en conjunto brinda una polifonía acerca de la diversidad de experiencias como migrantes con relatos que transmiten nostalgia, deseo, pero también testimonios de superación, solidaridad y chispazos de humor; otro acierto es no haber sucumbido a hacer de la pandemia por Covid-19 el hilo conductor de los relatos y en cambio ofrecer temáticas muy variadas. El tercer acierto lo comentaré al final.

Son 14 relatos, entre cuentos y crónicas, que confluyen en torno a esta isla que, a pesar de ser tres veces más grande que Manhattan, permanece aislada del bullicio citadino. De hecho, para Mario Michelena, unx de lxs antologadxs, quizá ese sea el mayor de los encantos de Staten Island: “se ama porque pasa desapercibida”, dice en el relato que cierra con contundencia la antología. Uchofen concretó este ejercicio de escritura creativa bajo el auspicio del DCA de Staten Island Arts, con fondos públicos del Departamento de Asuntos Culturales de la ciudad de Nueva York. Organizó actividades de manera telemática entre la comunidad a la que se dieron cita 14 voces de migrantes latinxs (incluida ella) provenientes de Chile, Cuba, Ecuador, México y Perú. Ellxs son: Rosa Ayala, Lulu BL, Guillermo Echanique, Esteban Escalona, Armando Escobar, Oswaldo Estrada, Rosa Los Santos, Coco Martin, Reyna Martínez, José Angel Mejía Martínez, María Guadalupe Ramos, Mario Michelena, Ana Cristina Ravelo y Rocío Uchofen.

El libro inicia con la historia de una chica, debajo del puente Verrazzano, preguntándose cuándo conocerá al amor de su vida. Le continúan los testimonios de una madre luchando por enviar a sus nueve hijos a la escuela; el de la hija de una familia cubana-estadounidense que afianzó “una identidad secreta” y el de una viajera peruana que agradeció a Dios que no abrieran su equipaje en el aeropuerto, pues hubieran encontrado “una maleta llena de mudanza”. Después viene el relato de un joven mexicano cuya vida ha dado muchos vuelcos desde que cruzó la frontera como indocumentado con apenas tres años. Le sigue la historia de una estudiante de educación preescolar que se enfrentó a la difícil decisión de volver al país de origen; en otra historia, el sonido de una boya de navegación brinda una amable bienvenida; en otra, las tardes grises construyen un recuerdo de Lima y, en una más, se nos da cuenta de la primera vez que alguien se subió al ferry de ida y vuelta nada más para ver a “esa mujer” de nombre Libertad y terminó conociendo a unos fans de Chayanne. Después se da cuenta de un extraño suceso del destino que se dibuja en las líneas de la arena de South Beach y le continúa la historia de un largo viaje bajo la lluvia en el camión S79 que cruza el puente Verrazzano desde Brooklyn. Después vienen dos cuentos, el primero sobre el empleado de una pescadería coreana que cada día se toma un cafecito en el ferry con la misma calma de quien espera a un amigo y, el segundo, construido a manera de entrevista a una misteriosa mujer, dueña de muchos gatos y recuerdos. Cierran los relatos el ya citado texto de Michelena, quien da cuenta de esta isla con aquella mirada privilegiada de quien puede mirarla desde lo alto, aunque no de un rascacielos, sino desde una detallada maqueta de toda la ciudad instalada en Queens.

Estamos a la mitad del libro y, como mencioné, se trata de una compilación bilingüe, por lo que las voces de lxs autorxs se tornan las de sus traductorxs al inglés o, en su caso, al español. Por esta gran labor que difumina la barrera entre voces de la comunidad latina para ser escuchadas por la comunidad anglosajona, merecen mención Denysse Cunza, Kiara Ortega y Mary Oliver. Por último, vale señalar que muchxs participantes en el volumen son o han sido parte del sistema CUNY, principalmente del College de Staten Island y Hunter College.

Al final de Staten Island, mi historia/Staten Island, my story quedan algunas hojas en blanco. Bastantes. Quizá sea porque también es un libro incompleto que espera llegar a las manos de algxn Staten Islander latinx para que sume su voz a este concierto polifónico. Ese es el otro acierto de la antología: acercarnos las voces de Staten Island, lograr que las escuchemos como parte de nuestra comunidad, esa es la sensación que queda al terminar de leer el libro; muy lejos está ahora la frase “el condado olvidado”, deseamos seguir escuchando más historias de nuestrxs vecinxs de Staten Island.

 

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