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Los mecanismos de la memoria: recordar la violencia en el Perú

Rocío del Águila Gracey
Graduate Center, City University of New York
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Saona, Margarita. Los mecanismos de la memoria: recordar la violencia en el Perú. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2017. 200 pp.

 

A partir del recuerdo del conflicto armado interno que devastó al Perú durante las décadas de 1980- 2000, el texto de Saona busca examinar la “memoria colectiva” presente en el fotoperiodismo, fotografías artísticas, pinturas artesanales, monumentos, exhibiciones, museos y páginas web. De esta manera, sostiene que el relato visual Yuyanapaq. Para recordar que resultó del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación permite representar el sufrimiento, la pérdida y el trauma social experimentados por las víctimas y los sobrevivientes de la violencia como parte de una práctica que busca generar empatía e inspirar solidaridad. Al respecto, Saona señala que “la cultura de la memoria supone resistir la tentación de los que insisten en la necesidad de <<cerrar un capítulo doloroso>> o en <<pasar la página>> por el bien del progreso” (35). En este sentido, Saona propone analizar las iniciativas de memorias que emplean imágenes para activar mecanismo cognitivos y mnemónicos que permitan incorporar la experiencia traumática de otros en la memoria colectiva de la nación a partir del uso de la fotografía, las artes visuales y los memoriales para analizar la creación de la memoria colectiva y el efecto que tienen para que “el público recuerde el dolor ajeno, expandiendo <<el círculo del nosotros>>” (55).

El primer capítulo, titulado “Ver, saber, sentir: verdad y emoción en las imágenes”, busca contrastar la estética de la muestra Yuyanapaq con la del colectivo ADAPS y el artista Edilberto Jiménez. En el caso de la CVR, se señala que buscó emplear el fotoperiodismo como un medio para restablecer la credibilidad en el público, ya que se enfrentaban a fotografías de archivos que ya habían sido vistas antes o que al exhibirlas creaban nuevas memorias y generaban una historia en los nuevos espectadores. La iniciativa era la aprehensión y la preservación visual de la historia (Lerner 2003).  Según Saona, el proyecto de la CVR se basa en el “recuerdo heteropático” (Silverman 1996) entendido como las memorias implantadas y la “postmemoria” (Hirsch 1999) entendida como las formas en que una persona puede recordar el sufrimiento de otros como una forma de crear un camino para que todos los peruanos puedan identificarse con el dolor ajeno.

Los proyectos Piraq causa [¿Quién será el culpable?], creado por el colectivo ADAPS (Asociación de Artistas Populares de Sarhua) y Trazos de la memoria, de Edilberto Jiménez, el cual recrea los eventos más traumáticos padecidos por la gente de Chungui, emplean técnicas tradicionales del grabado y el dibujo en la búsqueda de representar sin tapujos las acciones brutales de tortura, violación y mutilación, lo cual posiciona a los artistas como portavoces de la comunidad.

Lo que destaca del análisis de Saona es proponer que, si bien ambos polos buscan utilizar las imágenes como parte del testimonio de la violencia, la estética es muy diferente. Por un lado, identifica que la estética creada para Yuyanapaq busca generar un aura teatral por medio de la iluminación y emplea fotografías de archivo “no tan violentas” para no impactar demasiado al espectador. Por otro lado, en el caso de Jiménez y los artistas de Sarhua, la narrativa empleada se centra en el punto de vista de las víctimas y busca crear una reacción en los espectadores frente a los horrores ocurridos durante el conflicto interno. Del mismo modo, esto permite reflexionar sobre la institucionalidad de las muestras y en la necesidad de visibilizar la violencia y el rol que cumple el espectador frente a ella.

El segundo capítulo, titulado “Las cosas y los nombres”, busca examinar las estéticas de los memoriales El Ojo que Llora de Lika Mutal y Si no vuelvo búsquenme en Putis de Domingo Giribaldi. El Ojo que Llora presenta una escultura que refleja a la Pachamama y que tiene alrededor piedras con los nombres de las víctimas que se buscan conmemorar. Los objetos fotografiados por Giribaldi evocan a la persona que los poseyó pero que ahora no está presente: un chullo, un zapato, una chompa; lo cual permite inscribir el nombre de la víctima a través de la prenda.

Saona acierta al destacar que el caso más controversial se centra en la escultura de Mutal, en cuanto se incorporó el nombre de senderistas asesinados por las Fuerzas Militares en la prisión Castro Castro en 1992. Esto desató un problema ontológico sobre cuándo considerar a una persona víctima y si los victimarios también podrían ser incluidos como víctimas en un monumento. Más aún, resulta muy importante la reflexión que realiza, a partir del trabajo de Mutal, sobre la memoria colectiva y la memoria individual al rescatar la visibilidad de la víctima que recién en el monumento adquiere un estatus de ciudadanía. En el caso de Giribaldi, se resalta una identificación del espectador con el “yo”, en cuanto este se observa y se piensa a sí mismo como potencial víctima de la masacre.

El tercer capítulo, titulado “Lugares para recordar”, se centra en los espacios de memoria que surgieron a partir de Yuyanapaq. El Lugar de la Memoria (LUM) en Lima busca conectar la memoria histórica, colectiva e individual por medio de la arquitectura del edificio; se instala en un acantilado y en armonía con la geología de la costa peruana, lo cual buscaría dar un espacio para que los visitantes reflexionen y compartan su experiencia a partir del recorrido. En cambio, el Museo de la Memoria de ANFASEP en Ayacucho presenta una exposición más explícita donde se reproducen el horno donde los cuerpos de las víctimas eran incinerados en la base militar de Los Cabitos, las fosas comunes con cuerpos expuestos y los fragmentos de ropa recobrada de los cuerpos de las víctimas. En este caso, Saona destaca la necesidad de presentar la naturaleza descarnada de la violencia para confrontar al visitante. Por último, Saona analiza la intervención Un día en la memoria, que busca despertar emociones a partir de afiches. El creador, Mauricio Delgado, busca construir espacios -por medio de afiches- para conmemorar sucesos trágicos de la época de la violencia y hacer que el recuerdo habite el espacio público. Este proyecto se ha trasladado a plataformas virtuales y se busca la reproducción de los afiches como parte del proyecto de memorialización.

El trabajo presentado por Margarita Saona se destaca por analizar imágenes, monumentos y memoriales que evocan una época difícil para la nación peruana. Más aún, cada capítulo se inscribe en el contraste entre muestras “más institucionalizadas” o conocidas por el público en general frente a otras que no han tenido tanta acogida por haber sido producidas fuera del espacio hegemónico del arte y de la capital. Asimismo, la discusión con Barthes, Benjamin, Sontag, Hirsch y Silverman permite enmarcar la discusión entre la fotografía/imagen testimonial y la memoria colectiva frente a los sucesos que se desarrollaron y desarrollan en el Perú.

Ahora bien, aun cuando cada capítulo funciona como una unidad cohesionada, hace falta una suerte de conclusión que permita hacer dialogar cada una de las intervenciones presentadas y que refuerce la necesidad de generar empatía y solidaridad que se destaca desde el inicio. Esto no desmerece el trabajo realizado, ya que la propuesta de análisis trata de incluir en su marco tanto a muestras generadas y establecidas en Lima, la capital, así como proyectos pensados desde los extramuros de la institucionalidad y que de cierta manera buscan habitar(nos) a partir del horror y la reproducción de lo experimentado por las víctimas del conflicto armado interno.

 

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