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“Levente no. Yolayorkdominicanyork” y “Carmen fotonovelARTE” de Josefina Báez. De una novela ratatá a una fotonovelARTE, estrategias literarias y de mercado

Jacqueline Herranz Brooks

The Graduate Center — CUNY

jherranzbrooks@gradcenter.cuny.edu

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Resumen: Carmen (2020), la más reciente publicación de la creadora Josefina Báez junto al equipo Levente Visual, es una fotonovelARTE, un neologismo acuñado por Báez, que explicita la importancia de las redes afectivas para cocrear, circular y activar el trabajo en colectivo de esta artista multidisciplinaria que se autodefine dominicanyork. FotonovelARTE es un ejemplo de la autonomía de Báez a la hora de crear y denominar géneros y estilos con una dimensión estética y política autogestiva. Su estrategia de trabajo en colaboración, basada en su metodología Autología del performance, ilustra no sólo los contagios de lenguajes y géneros sino también resalta las intersecciones entre lo personal y lo colectivo, lo público y lo privado, el arte y el mercado. Esta primera entrega de una serie de remediaciones y transposiciones transmediales de un texto base anterior, Levente no. Yolayorkdominicanyork, regresa a establecer un puente entre los Estados Unidos y el Caribe mediante las prácticas transnacionales. Báez además presenta una narrativa de resistencia contra la misoginia, el racismo y el clasismo.

En este ensayo, a la luz de las nociones vinculadas con la teoría sobre la autoficción (Serge Doubrovsky) y los conceptos de intermedialidad y transmedialidad analizo, a partir de la lectura de una obra anterior, el trabajo más reciente de Josefina Báez. Presento las prácticas transmediales de Báez y reflexiono sobre la hibridez de su trabajo en el que se introducen distintos medios, recursos y discursos y en el que el yo autorial es parte fundamental de la refiguración del sentido. Así mismo analizo las técnicas narrativas que aplica la creadora como parte del proceso autorreflexivo en sus prácticas que atañen la crítica del yo, para producir contenido, público y mercado. En su trabajo resalta la artificiosidad, la autoconsciencia y la reflexión sobre la subjetividad y los procesos de vida/creación y escritura a contracorriente.

Palabras clave: fotonovelARTE, autogestión, autorrepresentación, intermedialidad, transmedialidad, actos de vincularidad, cocreación, remediación, reescritura, estrategias autoficcionales, metaficción, autorreferencialidad, novelar, impureza, hibridez, interdisciplinariedad, estrategias de mercado.

 

“exclusion and invisibility have been my two greatest assets that assisted me in creating my creative voice, created by default, the redundancy… créanme en esta: lo mismo de siempre and I reacted differently. I own my nothingness, I sense a territory: el Ni e’, I created a language for it: dominicanish, and Dominicanish the performance piece, the book, the lectures, the dialogues” (Báez discurso de apertura de la conferencia Dominicanish dedicada a su labor artística y de co-creación, Nueva York, 2019).

Impureza

Una búsqueda en el catálogo de la biblioteca pública de Nueva York del nombre de la autora Josefina Báez registra muy pocas de sus autopublicaciones, las cuales abarcan la poesía y el texto performance, así como la edición de una metodología propia y la documentación de su puesta en práctica.[1] Toda clasificación genérica de cualquiera de sus producciones, así como de la identidad de su persona literaria revela cierta complejidad. Levente no. Yolayorkdominicanyork (2012), una composición metaficcional y transmedial, la cual no se restringe al formato del libro, se ha considerado un texto (Sharina Maillo Pozo) o un texto performance (Lorgia García-Peña) y, en términos de géneros literarios una novela (Zaida Corniel). Y, mientras la obra de Josefina Báez, quien se autodefine “dominicanyork”, se resiste a las definiciones, su persona literaria ha sido presentada bajo categorías de identidades nacionales, como “dominicana”, o bajo construcciones identitarias étnicas tales como “latina” o “afrolatina”[2].

Parte de la dificultad para clasificar el trabajo de Josefina Báez se debe a la hibridez de este. Dicha hibridez, como la entendemos en Levente no. Yolayorkdominicanyork, ocurre tanto a nivel genérico (mediante las referencias intermediales y la mezcla de géneros y archivos), como a nivel medial (por su combinación de medios: escritura/performance/video de fotos fijas/blog) y lingüístico (español e inglés). La hibridación lingüística se hace más compleja con el agregado de una lengua minoritaria y performática que Báez llama “dominicanish” y que García Peña, en su estudio sobre el trabajo de Báez, en particular sobre el texto performance Dominicanish (1999), define como: “a form of Spanglish that integrates English and Spanish syntax while using Dominican linguistic codes and cultural references to describe US experiences” (200).[3] Contra o a partir de las etiquetas: latina, panlatina, translatina, afrolatina, dominicana en Nueva York, dominico-americana, Josefina Báez adopta para su biografía y propone, desde su obra, definiciones tales como dominicanyork, cuya lengua performática y escrituraria es el dominicanish.[4] Así se sirve de este lenguaje personalizado para mejor acercarse al registro oral de una dominicana identificada con la clase trabajadora de emigrados radicados en Nueva York. [5] Tanto sus autodefiniciones y autopublicaciones como sus narrativas resisten contra el racismo, la misoginia y el clasismo.

Como expresa la autora en la cita con la que abro este artículo, su marginalidad —su invisibilidad en el mainstream norteamericano, la exclusión de su trabajo de las antologías de escritores dominicanos de la diáspora en los años ochenta y noventa en Nueva York, así como de las compilaciones de las casas editoriales españolas y latinoamericanas— le ha otorgado la libertad de trabajar con lo que tiene a mano (las variaciones del habla escuchada en las calles por donde transita) y con aquello a lo que ha tenido acceso (sus propias experiencias de vida en la ciudad de Nueva York), estableciendo su voz creativa (su acento) contra los límites de otras (“by default”). Así también se ha (re)configurado, en ocasiones, por omisión (ni esto ni lo otro, sino todo lo contrario), escribiendo y reescribiendo desde un cuerpo cruzado por las fronteras (ese territorio fronterizo, liminal que siente y que ha habitado y producido: Ni e’, ni aquí ni allá), inscribiendo su trabajo en una tradición de mujeres artistas que intentan desmantelar estereotipos y confrontar prejuicios, que hibridan lenguas, registros, imágenes y textos. Entre ellas el trabajo teórico-práctico de la chicana Gloria Anzaldúa, su escritura deslenguada, sus desvíos, así como el de las artistas afroamericanas Jackie Ormes y Lorna Simpson, por nombrar tres creadoras en los Estados Unidos, cuyas estéticas habitan los bordes, hibridan, como la de Báez, echando mano de varios archivos para reconfigurar sus peculiares repertorios.

La primera, Anzaldúa, teoriza el espacio Nepantla; un concepto que representa el estado entremedio, o “in-between-ness” del ser bicultural, un sitio de transformación, que asemeja la creación del espacio Ni ‘e de Josefina Báez, el territorio que ella siente o percibe. La segunda, Ormes, que se autorrepresenta, como Báez fusiona el arte secuencial de la tira cómica con el discurso de la élite del mundo del arte, resaltando el desprecio que la sociedad racista norteamericana denota por la inteligencia de las mujeres negras (Whaley 28). Y finalmente la tercera, Simpson, que hibrida el foto-texto y cuyo lenguaje, como el de Báez, le debe mucho a la oralidad. Para crearlo, Simpson mezcla el inglés estándar utilizado en las noticias con dialectos regionales, creando una especie de lenguaje personalizado (Golden 10). El trabajo de Báez, como el de Anzaldúa, Ormes y Simpson, más allá de su intención estética, suscita, la mayor parte de las veces, una lectura racializada y politizada por parte de la crítica, el público general y de la academia y una asociación o conexión de la vida biográfica de las artistas con las personas y los personajes que aparecen en su trabajo, mujeres negras como las creadoras. Esta mixtura de las experiencias biográfica y artística/literaria no es siempre intencional en el caso del trabajo de Simpson, pero sí lo fue para Ormes y continúa siéndolo para Báez (metodología Autología del performance) pues ambas insisten en la importancia de la autorrepresentación como una forma de reclamar espacios de inclusión.

Ilustración 1. Josefina Báez performeando el lenguaje cibernético del Ni e’ en el video Cuando LOL is not enough. El cyber language del Ni e’ para todos y el fotoperformance de Lorna Simpson de 1989 Proof Reading. Imágenes de Jacqueline Herranz Brooks.

El recurso metaficcional de la novela ratatá y el proyecto Levente Visual

Uno de los recursos utilizados por Báez, para la autofiguración, la reescritura y la creación de categorías y nociones y que le permite legitimar su arte, es la metatextualidad. La autora aprovecha este recurso metaficcional en Levente no. Yolayorkdominicanyork para referirse a su forma como “Bucle interminable”, para hablar de su estilo como “realismo panfletario” y para complicar el texto en términos de género como “Saga simplista”, “novela ratatá”, “Microrrelatos del macrocosmos que es el Ni e’” (Levente no. Yolayorkdominicanyork).[6] Este es un intento de enfatizar o resaltar su hibridez y una manera de referirse a la forma composicional de su escritura.[7] Desde el discurso metatextual de Levente no. Yolayorkdominicanyork, el juego con las definiciones genéricas directamente aboga por otras maneras de clasificación de su creación, como novela ratatá (microrrelatos, saga y panfleto todo al mismo tiempo) e indirectamente se aboga, también, por otras maneras de recepción y/o acercamientos al mismo.

Báez aprovecha su autoridad y desde el texto autoconsciente crea categorías que expresen su labor, de manera más cercana a como ella la siente y la concibe, pues entiende que los géneros son convenciones. Por su necesidad de autodefinirse (“a mí coño nadie me representa… Yo me represento sola. Usted se representa usted”, Báez Levente no. Yolayorkdominicanyork) y de tener total control sobre su trabajo (no tiene compromisos editoriales ni institucionales), crea textos autocríticos en los que hace un etiquetado de su persona literaria, de su estilo y de su producción garantizando su valor al atribuirle características únicas. Báez llama a su público y a sus seguidores, sus constantes. Sus constantes no solo son su audiencia sino parte de sus redes afectivas, quienes activan las performances, generando los escenarios, y quienes coproducen los eventos.[8] También llama a sus colaboradores cocreadores y a su exposición, lecturas dramatizadas y performances, un diálogo. La categoría otorgada a Levente no. Yolayorkdominicanyork como novela ratatá expresa las características de su estructura y estilo composicional como “bucle interminable”. Es decir, ayuda a pensarlo como un trabajo base o una plataforma. De este “bucle interminable”, de esta plataforma, o trabajo base, la creadora ha seleccionado uno de los microrrelatos que conforman el conjunto de voces del espacio Ni e’ (el edificio donde viven todas sus personajes) y junto a un equipo de artistas dominicanos radicados en la isla, el equipo Levente Visual, ha producido y puesto a circular durante los meses de la pandemia por el Covid 19, el libro Carmen fotonovelARTE (2020).

El equipo Levente Visual está conformado por la performera Pilar Espinal, la fotógrafa Carmen Inés Bencosme y el ilustrador Kutty Reyes. La función de Báez es la de escritora y directora de las fotoperformances que hacen de fotogramas en el nuevo libro, publicado en el formato folletín y clasificado como FotonovelARTE. Los textos se reescriben en función de las fotografías. Las fotografías de Bencosme de las performances de Espinal, intervenidas con dibujos de Reyes y textos de Báez son el arte de esta fotonovela. El conjunto ofrece una mirada de género que resalta las condiciones de invisibilidad de las mujeres y, por ende, la necesidad de representación de estas. Levente Visual, como una serie de entregas, enfatiza en la búsqueda de una conciencia o práctica artística y resalta la importancia de reflejar las prácticas de vida/obra que reconfiguren la manera en la que las mujeres sobreviven y rectifique la forma en la que son aún vistas en el mundo, como subordinadas.

Además de ser el nombre del equipo de amigos cocreadores y realizadores de la fotonovelARTE Carmen, Levente Visual es un sello de marca que aparece, por decisión editorial, tanto en la portada como en la contraportada del libro. Levente Visual es un proyecto originado a partir de una plataforma, o texto base (Levente no. Yolayorkdominicanyork), es un equipo de trabajo que visualizará las reescrituras y remediará las narrativas del cotidiano y de la vida de los personajes, casi todas mujeres, que habitan el espacio autoficcional Ni e’ y es, también, la marca o sello de un nuevo proyecto editorial de la compañía teatral fundada por Báez en 1986, LatinARTE/Ay Ombe Theatre. El logotipo es una marca de origen, es decir: un signo distintivo que identifica un producto (Carmen fotonovelARTE) como originario del país o de una localidad del territorio nacional (no es Carmen gitana vista por los ojos europeos, sino Carmen dominicana y afrocaribeña que se autorrepresenta) que garantiza el valor de este nuevo producto artístico, que ahora circula y se vende a través del internet.

El logotipo, como un sello de origen o marca gratuita de certificación, es un círculo que contiene las palabras Levente Visual en rojo y azul, los colores de la bandera dominicana, mientras que al centro figura una cayena, la flor nacional de esta misma nación (Ilustración 2). Estos elementos que aluden simbólicamente a la nación (República Dominicana) implican un reconocimiento del lugar de origen de este producto haciendo del logotipo la marca de este. El guiño hacia esta práctica de mercado resalta la lucha por la circulación y venta de los productos entre los países llamados en desarrollo y las multinaciones y cuestiona la idea de calidad y originalidad de los productos artísticos basada en el éxito de circulación y venta. Levente Visual como denominación de origen intenta proteger Carmen fotonovelARTE (2020) como una creación original dominicana. De acuerdo con las leyes de comercio en el American Marketing Association, las indicaciones geográficas, como otras marcas y logotipos, son un signo de valor (página de la comisión económica América Latina y el Caribe) que protege los productos contra la apropiación y la copia por creadores de otros países. La denominación de origen también garantiza el acceso al mercado, pero sobre todo quiere mantener sus lectores/receptores/consumidores. Elegimos un producto de Levente Visual porque como su origen (Levente no. Yolayorkdominicanyork) garantiza ser un producto innovador, que hibrida géneros, autogestionado y cocreado. Con la idea de Levente Visual como marca de denominación de origen, la fotonovelARTE Carmen no es un producto genérico sino uno que forma parte de la identidad nacional en el que, a pesar del machismo y la mentalidad colonial que domina aún la cultura caribeña hispana, se favorece el discurso de las mujeres como protagonistas y creadoras de su propia historia de vida. De esta manera, Báez vuelve a complicar las identidades de marca y vuelve a posicionarse como creadora y gestora de sus propias autopublicaciones.

Ilustración 2. Portada y detalle de la contraportada de la edición en español de la FotonovelARTE Carmen (2020). Levente Visual es el nombre del equipo de cocreadores, un sello editorial y una marca o sello de origen. Fotografías de los detalles de Carmen fotonovelARTE de Jacqueline Herranz Brooks.

 Al igual que en Levente no. Yolayorkdominicanyork, en la fotonovelARTE Carmen (2020) también se recurre a la metatextualidad, tanto para complicar los géneros como para indagar en las nociones de autoría. En Levente no. Yolayorkdominicanyork, la autora se vale de la metatextualidad para crear la categoría de novela ratatá y discutirla de manera crítico-práctica en el texto y durante los diversos performances de este. En la adaptación libre de la novela corta de Prosper Mérimée (1845) del mismo nombre y nueva remediación de uno de los microrrelatos que componen Levente no. Yolayorkdominicanyork, Báez crea la categoría fotonovelARTE.

FotonovelARTE

Aunque una primera lectura del neologismo (fotonovelARTE) pudiera hacernos pensar la intención de elevar a la categoría de “arte” un género despreciado (la fotonovela) por popular, es mucho más que esto. La categoría genérica acuñada por Báez, más que enfatizar en la artificiosidad, estilización, o el ARTE de esta fotonovela, quiere, primero, establecer una diferencia entre otras versiones de Carmen y Carmen la fotonovelARTE.[9] Después, y más importante aún, quiere aludir a la reflexividad del acto de novelar, estableciendo así en la portada de la publicación su pacto de lectura (Ilustración 2). Es decir, el agregado “ARTE” al género preexistente sugiere que se refiere al rigor del trabajo en colectivo, pero es más que nada una distracción.

Novelar es el arte de hacer el cuento, de ficcionalizar eventos o circunstancias de vida.[10] Decimos que alguien es novelero o novelera cuando nos refiere eventos de su vida o de la vida de otros artificiosamente; también, una persona novelera es un o una cuentacuentos, imaginativa, alguien que vive la vida, en la ficcionalización que nos refiere de los eventos que la conforman, como si fuera una novela. Esto es lo que propone hacer la protagonista de la fotonovelARTE, Carmen, desde el inicio y lo reitera al entrar e inmediatamente salir de su vieja historia (Ilustración 3) donde “todo sigue igual” pero “Yo… yo cambié” (58).

Ilustración 3. Estas dos páginas de Carmen fotonovelARTE hacen referencia a la reescritura del texto de Prosper Mérimée (1845). El intercambio de flores (de rosa a cayena) es una especie de duelo en el que Báez deja saber qué archivos interviene. Después de este duelo, la protagonista toma control de su narrativa y se mueve por las páginas con una cayena en el pelo. Fotografías de los detalles de Carmen fotonovelARTE de Jacqueline Herranz Brooks.

 Siguiendo su metodología de Autología del performance, que se basa en la autobiografía del hacedor y en las circunstancias de vida como trampolín para la creación, Báez remedia el segmento de Levente no. Yolayorkdominicanyork en el que las vecinas del Ni e’ dicen que van a reescribir la historia de Carmen, pues no van a dejar que un celoso Joseph la mate. La autora, junto al equipo Levente Visual, presenta las circunstancias de una Carmen tabaquera, en Santo Domingo (la ciudad donde radican tanto la performera como la fotógrafa y el ilustrador del equipo Levente Visual). La intención es reorientar la secuencia de su narrativa de vida. La protagonista aprovecha una suspensión laboral y durante los días de castigo sin salario se da cuenta de que ella ha cambiado y de que sus circunstancias siguen siendo las mismas. Decide no regresar a la vieja narrativa de donde la suspendieron, pues entiende que no tiene sentido adaptarse a un marco que le resulta limitador. Carmen va a novelarse y a novelarte (a ti lector/interlocutor/receptor/usuario). Le dice al interlocutor que es la fuente gruesa del trabajo a realizar(se)/crear(se).

Además de la propuesta de lectores como interlocutores, el neologismo ofrece una diferencia entre novela y novelar. Novela es un producto (el libro) y novelar es un proceso (performance). Si en el neologismo para categorizar Carmen ponemos el énfasis en novelar, como un “bucle interminable”, lo que importa es el proceso de un acto inacabado. Como expresa Carmen Inés Bencosme, la fotógrafa del equipo Levente Visual, la realización de la fotonovela fue muy performática en el sentido de que ella lo siente como un proceso vivo. En la última presentación de una serie de conversaciones sobre la creación de Carmen fotonovelARTE en la plataforma Zoom (10 de diciembre 2020), la fotógrafa explicó que en ocasiones las imágenes capturadas durante el día de trabajo con Pilar llevaban el texto hacia otro lugar, por lo que Josefina terminaba cambiándolo y Kutty haciendo nuevas ilustraciones. Todo en función del proceso. En ocasiones, las ilustraciones apuntan a detalles nimios que no están en las fotografías y que agregan verosimilitud a la historia estableciéndose así una comunión importante entre fotografía y dibujo. Un ejemplo está en el bolso que lleva Carmen cuando sale de su casa “solo a dar la vuelta” en un autobús particular que la llevará por una “ruta sin destino” (22 y 23). La fotógrafa explica que a Kutty le pareció lógico que llevara un bolso, que no llevaba la performera en las fotoperformances el día de la sesión fotográfica. El bolso es un detalle que denota un cambio de escenario para el cual la protagonista va preparada.

Como no sabemos de qué lengua se trata, novelarte podría sugerir también la idea de “novel”, arte nuevo (novel y arte) estableciéndose un diálogo intertextual con el ensayo en verso El arte nuevo de hacer comedias en este tiempo leído ante la Academia de Madrid (1609) por su autor Lope de Vega como discurso autocrítico en el que expresa conocer la tradición académica, pero apuesta por la idea de crear un teatro basado en el gusto del diverso público de la época. Así la palabra novelarte ofrece otras posibilidades de interpretación claves para comprender la importancia del proceso y la colaboración por sobre el producto (el libro) en el trabajo de Báez junto al equipo Levente Visual.

NovelARTE agrega al pacto de lectura de la fotonovela tradicional la noción de que la interlocutora (tú) es parte de la obra. Las posibles interpretaciones son: 1) Te novelé, usé como fuente. 2) Participas como lector/lectora que debe agregar bagaje individual y “previo fervor” a las lecturas, aprovechando los “pliegues visuales” para el “despliegue” (Deleuze / Perkowska 58) de la serialidad de la imagen de la mujer negra afrocaribeña, 3) Báez se y te nutre de su interpretación de ti y 4) te invita a ti como ficción/realidad a interpretar tu visión de tu realidad socioeconómica. La sugerente fotografía seleccionada para la portada nos muestra a la protagonista, de espaldas, como si, al igual que los lectores, fuera a entrar al libro. Levantando los brazos, saluda al sol que brilla detrás de su nombre propio (título de la historia, su historia) y frente al horizonte, entre tierra y mar, Carmen le da la bienvenida al neologismo “FotonovelARTE” (Ilustración 2).

En la fotonovelARTE se entiende la literatura como un campo interdisciplinario y la escritura como una práctica transmedial. Performear, imaginar y soñar es también escribir y reescribir (7-14 y 53-55). En términos estéticos, la fotonovelARTE tiene de la fotonovela popular latinoamericana su formato intermedial, pues hibrida texto, fotografía y dibujo sencillo, similar al de la tira cómica o el de las historietas, pero, a diferencia de la fotonovela tradicional, como forma de enunciación de aspectos que legitiman el status quo —la mujer llorosa, codependiente del amor romántico, adicta a un final feliz al que se llega a través del matrimonio que le permite la movilidad social— la fotonovelARTE no legitima necesariamente este ideario existente, sino que lo modifica en el relato intermedial. Carmen fotonovelARTE propone una reescritura de la historia de vida de las mujeres, pues como claramente expresa el texto breve al final del libro, escrito por Esther Hernández Medina, “En un mundo en el que todavía las mujeres mueren porque hay hombres que las ven como su propiedad… que nuestra Carmen viva, desde su elección, dueña de la narración de su propia historia, es una transgresión esencial. Vivir por y para una misma es la revolución, la evolución imprescindible” (86).

 

El emplazamiento publicitario en Carmen fotonovelARTE como estrategia intermedial autoficcional

Ilustraciones 4 y 5. 4. Emplazamiento de producto en Carmen. Levente Visual como una marca aparece en la toalla de manos, que cuelga en el baño de Carmen, la protagonista. (Detalle página 75). 5. Página inicial de Carmen, fotonovelARTE, donde el texto remite a su propio inicio. Fotografías de los detalles de Carmen fotonovelARTE de Jacqueline Herranz Brooks.

 Ya hemos visto que Carmen fotonovelARTE (2020) es la primera entrega de una serie de remediaciones que harán del libro Levente no. Yolayorkdominicanyork (2011, 2012) una plataforma para la serie de las diferentes historias de un Levente Visual. El proceso que va del texto ratatá, que es la definición que la misma autora le ha dado a su composición Levente no. Yolayorkdominicanyork, a la fotonovelARTE, que es el género de esta primera entrega, es transmedial y su producto es intermedial. En Carmen fotonovelARTE, la autorreferencialidad y autorreflexividad metaficcionales, características de la autoficción, aparecen en la forma de lo que conocemos como el emplazamiento publicitario (“product placement”).

El emplazamiento publicitario es un tipo de mensaje promocional, que en ocasiones combina el anuncio con el patrocinio, o nuevo mecenazgo, y el apoyo o respaldo de celebridades. Báez ya lo había utilizado cuando recurrió al respaldo de las palabras y el apoyo o respaldo de celebridades. Báez ya lo había utilizado cuando recurrió al respaldo de las palabras de Junot Díaz, como estrategia para validar su trabajo. En la contraportada de su autopublicación Levente no. Yolayorkdominicanyork (2012), la mitad superior incluye, en letras contrastadas, una larga cita del reconocimiento de la estrella literaria por la labor de Josefina Báez. El emplazamiento publicitario tiene una larga relación con la pintura, desde el siglo XIX y con el cine, desde las primeras proyecciones en el mismo siglo.[11] También con las producciones televisivas y los videos musicales, pero, de acuerdo con un estudio más reciente realizado por Mucundorfeanu y Szambolics (2017) la práctica de inserción de marcas y nombres de productos ha sido menos estudiada en la literatura. Las estudiosas parten del cuestionamiento de si, en la literatura, el emplazamiento publicitario es parte de los recursos empleados por los autores para hacer sus creaciones más verosímiles, o si los autores han recibido algún tipo de remuneración por mencionar ciertas marcas en las novelas que ellas estudian.[12]

En el caso de Josefina Báez, una creadora que se autodefine y autopublica y que se ocupa de crear sus géneros y sus propias marcas, es obvia tanto la intención de validación de su trabajo con el emplazamiento de producto en la fotonovelARTE, como manifiesto es el guiño autoconsciente de la autorreferencialidad en la novela ratatá Levente no. Yolayorkdominicanyork. La autorreferencia tiene la intención de intervenir un espacio que, en definitiva, ha sido autogenerado o autogestionado por el equipo de creadores de la fotonovelARTE. Para la cocreación con el equipo Levente Visual, el emplazamiento publicitario es un guiño intelectual que hibrida técnicas del mercado con recursos narrativos de la autoficción, como recursos metaficticios, para la autorreferencialidad crítica. En esta impureza paródica hay una analogía entre el “emplazamiento publicitario” y la autorreferencialidad.

Para comenzar, Carmen fotonovelARTE nos llama la atención sobre su propio inicio (Ilustración 5), un recurso metaficcional, propio también de la autoficción. Ya sabemos desde la portada, donde la protagonista, de espaldas a los lectores, saluda el sol (un nuevo género) que se alza por encima de un horizonte (¿de expectativas?) entre el cielo y el mar, que ella va a novelarse y a novelarnos. En la página inicial de la historia, Carmen, delante del espejo, le habla al Sol (fuente de iluminación creadora) mientras se destrenza el pelo para levantarse el afro: “Sol, abres la página y comienzo el día fotonoveliando el resuelve diario” (3). Vemos su rostro serio reflejado en el espejo. Allí aparece cara a cara con su verdad y es a través de este instrumento de reflexión y refracción, que entramos a su cotidiano. El espejo es el límite entre los mundos de Carmen, que, sabiendo lo que hace, pues va a comenzar a “fotonoveliar” y a “fotonoveliarnos”, nos sumerge con ella en el espejo analítico propuesto por Serge Doubrovsky (51).[13] Ante el espejo analítico la autora o autonarradora es analista y analizada, mientras, con un lenguaje personalizado o un lenguaje del y para el inconsciente, entreteje su autonarración. Además de este recurso metaficticional de la autoficción, de la narración autoconsciente, y del reclamo por la autonarración de la protagonista, en Carmen fotonovelARTE se utiliza el emplazamiento del producto literario, como guiño paródico y como forma de la enunciación e inscripción autorial.

Otros libros de la autora aparecen dentro del libro Carmen fotonovelARTE. El libro dentro del libro es un recurso metaficcional tradicional, que funciona en la fotonovelARTE de forma literal, como emplazamiento de productos. Y el intertexto y la autorreferencialidad son el resultado de este emplazamiento publicitario del objeto, que ocurre con la ubicación, en algunos fotogramas, de varias publicaciones de Josefina Báez.

Por ejemplo, en tres fotogramas de la página 78, dos diferentes ediciones de la autopublicación Levente no. Yolayordominicanyork (2011, 2012) aparecen en el librero de la sala de la casa donde viven la protagonista, Carmen, y su tía (Ilustración 6). En el librero junto al espejo —nuevamente Carmen está delante del espejo a la llegada de los otros personajes que ella ha novelado, que son dibujos,[14] mientras ella y sus espacios públicos y privados están fotografiados— del primer fotograma de la misma página vemos la edición de la casa editorial dominicana Cielo Naranja del libro Dominicanish (2000) de Báez y una de las ediciones de poesía performance Comrade, Bliss ain’t playing (Latinarte 2013) se destaca en el tercer estante. El emplazamiento de los libros de la autora del texto y directora de los fotoperformances que disfrutamos ahora, es autopromoción y apunta a la verosimilitud de los personajes (son lectores dominicanos del trabajo publicado y autopublicado de Báez) y las escenas, sin que afecte la trama. Si antes el texto se afectaba haciéndose autoconsciente ahora en la fotonovelARTE vemos la repetición de este juego, sin cargar el lenguaje del diálogo escrito.

Ilustración 6. El “object placement” como autorreferencialidad. Dos detalles de las páginas 78 y 82 donde ocurre el emplazamiento de 2 ediciones del libro Levente no. Yolayorkdominicanyork (2011 y 2012). Estos personajes, entonces, leen a Josefina Báez. En los estantes de su sala se atesoran varias ediciones de su trabajo. Fotografías de los detalles de Carmen fotonovelARTE de Jacqueline Herranz Brooks.

 La textura semántica de Carmen, complejidad que nos permite que entremos de manera activa con nuestro bagaje, es un campo minado. En cada página, cada uno de sus cuadros, de sus filacterias y de sus leyendas puede estallar. Allí se mezclan el guiño publicitario y la autogestión, la fotografía, la ilustración y el dibujo con el objetivo de enfatizar la búsqueda de una conciencia o práctica artística de vida (Carmen interrumpe sus historias para meditar, danzar, agradecer). En Carmen fotonovelARTE, además de las dinámicas de la transmedialidad (el proceso que va de la novela ratatá a la fotonovelARTE) se produce un juego intermedial intra y extracomposicional que se complica más allá del diálogo sobre la reescritura de Marimé (Ilustración 3) al hibridar dos géneros que de por sí ya son un híbrido: la fotonovela y la historieta. Aunque existe en la fotonovela tradicional la intermedialidad (fotografía y texto), en Carmen fotonovelARTE no se da propiamente una imitación de esta forma. Un cambio que mencionar es que las fotografías en Carmen fotonovelARTE no provienen de un archivo de un autor ni de los fotogramas de una película, sino que son las fotoperformances; se retiene del texto base el registro de la performance (proceso).

La circulación de esta remediación, durante estos meses de protestas contra el racismo institucional en los Estados Unidos, iniciadas en mayo de 2020, después del asesinato de George Floyd, no es gratuita. Así mismo, la fuerza que ha ido ganando el movimiento #metoo contra la violencia de género, nos demuestra la imprescindible necesidad de continuar trabajando contra la misoginia. Carmen la fotonovelARTE propone este cambio con su reescritura.

Ahora, durante estos meses de confinamiento obligatorio por la pandemia del Covid-19, cuando los cuerpos parecen haber quedado suspendidos (solamente si hemos podido quedarnos en casa) y es el momento político de la voz (si tenemos acceso al internet), Josefina Báez pone a circular Carmen, la primera fotonovelARTE de la serie Levente Visual. Además de resultar en un formato apropiado para el trabajo híbrido e intermedial de Báez, la secuencia fototextual ayuda a serializar la imagen de una Carmen dominicana, clase trabajadora, negra, que inscribe su voz y escribe su recorrido y su salida del marco impuesto, que la constriñe y limita. Esta serialidad de la imagen de la mujer negra, que minó el trabajo de la artista del comic Jackie Ormes en los años críticos de la década del 50 en los Estados Unidos, se logra en Carmen fotonovelARTE. Aquí, “nuestra Carmen” va robándose los encuadres y está al centro de su narrativa de vida, siendo protagonista de su propia historia. Sus sueños son sofisticados viajes del inconsciente que asemejan las transacciones imagen-texto del trabajo de Lorna Simpson en las décadas de los años 90. Esta necesidad de continuar la ficcionalización de la vida de la gente que, como explicaba Doubrovsky en sus contextos neoyorquino y francés, no tiene derecho a entrar al género autobiográfico, porque, siendo minorías, sus discursos parecen estar confinados al testimonio, obliga a (re)inventarse otros registros, como ha hecho Báez.[15] Su experiencia o conocimiento a fondo del proceso, la autoriza a legitimar sus géneros.

Obras citadas:

 

Báez, Josefina. Levente no. Yolayorkdominicanyork. I Om Be Press. A yo Project Ay

 

Ombe Theatre, 2012.

 

—. Carmen. FotonovelARTE. Ay Ombe Theatre, 2020.

Corniel, Zaida. Entrevista personal. 12 de mayo. 2017.

 

Doubrovsky, Serge. “Autobiografía/verdad/psicoanálisis”. La autoficción. Reflexiones teóricas.

Arco Libros, 2012.

García Peña, Lorgia. The Borders of Dominicanidad. Race, Nation, and Archives of

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[1] Me refiero a la Autología del performance, una metodología práctica creada por Báez, basada en su propio proceso de aprendizaje y creación y sanación. En su último trabajo de cocreación Carmen fotonovelARTE (2020), la biografía de esta artista incluye la siguiente información: “Creadora del proceso para vida creativa: Autología del Performance (práctica basada en la autobiografía y bienestar del hacedor/a)” (Carmen 87). Los retiros de artistas y seguidores o constantes organizados por Ay Ombe Theater y dirigidos por Báez siguen esta metodología.

 

[2] Lorgia García Peña en The Borders of Dominicanidad (2016) considera a Báez afrolatina por cuestiones de raza, Báez es una dominicana negra, pero sobre todo por querer afiliar su trabajo a la sensibilidad y espiritualidad africana del Caribe.

 

[3] El Dominicanish es, al igual que el Spanglish, una lengua resultado del mestizaje. Ilan Stavans, uno de los defensores y estudiosos más importantes del Spanglish, considera lo considera una nueva lengua americana creada por los inmigrantes latinos. Para el debate sobre el Spanglish como lengua y no como mezcla entre español e inglés, y su diferenciación del Ebonics, ver el ensayo “The Gravitas of Spanglish” del mismo Stavans, in The Chronicle of Higher Education: 13 Oct. 2000. Ed Morales considera el Spanglish como una lengua y como un fenómeno cultural. Explica que como término expresa mejor que la noción de lengua híbrida “what a mixed race culture means” (3). Morales explica que “Spanglish is what we speak, but it is also who we Latinos are and how we act, and how we perceive the world” (3). Agrega además que “When I speak of Spanglish I’m talking about a fertile terrain for negotiating a new identity” (6).

 

[4] Ya Sophie Maríñez notaba en su enfoque cultural y literario de Dominicanish (1999) como un texto poético para performance, donde ocurre la translocación de los símbolos, que la exploración de la identidad “que marca la producción literaria de los latinos en general y de los dominicanos en específico… adquiere [en Dominicanish] un aspecto sui géneris de multiplicidad, movimiento y cambio” (4-5). Así también considera la “exigencia del texto” que “implica una participación del lector en la cual este constituye la otra mitad de la experiencia de la lectura a partir de la conexión con sus propios referentes culturales” (1), que define la metodología de Báez de la cocreación.

 

[5] En Nueva York, el trabajo de Josefina Báez y el uso del dominicanish no son la excepción de uso de lengua minoritaria dentro de la lengua oficial, y que complica la circulación del trabajo, su venta, clasificación, etc. Recuérdese la tradición de la poesía “nuyorican” escrita en Spanglish por autores tales como Miguel Algarín, Pedro Pietri, Sandra María Estévez y Nancy Mercado, y que requirieron producir sus espacios para performear su poesía del ser (Nuyorican Poets Café). También, dentro de esta hibridación y exploración de eventos autobiográficos y el uso del Spanglish, se encuentra, la poesía performance de Edwin Torres y la de Urayoán Noel, tan cercanas a la tradición del “spoken-word” y al “slam” de la poesía nuyorican de los años 90, una poética que conecta la palabra escrita con el performance y el cuerpo. Con relación al trabajo de Báez en Dominicanish, Maríñez explica que “las transiciones del inglés al español y viceversa, así como la interconexión de significados y referentes contextuales [que] es la gran riqueza creadora que Báez aporta a la producción literaria contemporánea de Estados Unidos” exigen un lector/receptor activo y “puede servir de referencia en el estudio de las transculturaciones, de la mutación de la identidad y otras dinámicas que se producen en el contexto de la migración masiva de los pueblos” (4).

 

[6] Cito a Josefina Báez cuando en las páginas iniciales el texto Levente no. Yolayorkdominicanyork se refiere al mismo en estos términos. Las citas de este libro publicado sin número de páginas van acompañadas del título del libro abreviado (Levente no.) en lugar del apellido de la autora y el número de páginas, como lo requiere la norma MLA.

 

[7] Podemos pensar también que la hibridez se explica a través de la secuencia de géneros mencionados en el texto mismo (saga, microrrelatos, etc.). Así podríamos entender que Levente no. Yolayorkdominicanyork tiene de “saga” la imitación de oralidad, que es una narración de una historia de varias generaciones y que es episódica o segmentaria, además del énfasis en la construcción de la realidad, pues la saga tiene una teorizada relación con los realismos del XIX, por ejemplo. Del microrrelato tendría la brevedad de cada segmento, y el hecho de que cada segmento puede funcionar independientemente con su tensión, precisión e intensidad emocional.

 

[8] Recordar lo que sucedía durante sus performances descritos en el capítulo anterior “Persona(s)”.

 

[9] Dentro de las adaptaciones que parten de la novela corta de Mérimée (1845) al libreto de la ópera cómica de Bizet (1875), entre ellas Carmen Jones (1954), la versión flamenca de la compañía de danza de Antonio Gades (1983), está la reescritura de Eva C. Vásquez Carmen Loisaida (2011) cuyos personajes, inmigrantes latinas y latinos, viven sus vidas documentadas e indocumentadas en el Lower East Side de Manhattan durante la última gentrificación después de los eventos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

 

[10] Novelar es, de acuerdo con la definición de la RAE, “referir un suceso con forma o apariencia de novela” y es también “contar patrañas”.

 

[11] El trabajo de investigación de Newell et al (2006) prueba que “product placement was a sophisticated sub-business long before E.T. [1982] that was fully integrated into the making and marketing of mass media content as early as the 1920s and that product placement in mass media began with the birth of motion picture projection in the mid-1890s” (575). El estudio presenta los proyectos artísticos-comerciales de Charles Dickens y del artista japonés del siglo XVIII Santo Kyoden, que promociona en sus noveletas gráficas sus libros anteriores y los productos que vende en su tienda de tabaco.

 

[12] Un ejemplo de uso de las marcas que contribuye a la verosimilitud de la historia y ayuda a elaborar un personaje más complejo obsesionado con el estatus a través del consumo de objetos de marca, es American Psycho (1991) de Bret Easton Ellis.

 

[13] Serge Doubrovsky es el creador del neologismo autoficción, que entiendo como la teorización de una práctica y la práctica de una teoría de la literatura y como una categoría híbrida y transgenérica que resalta el carácter ficcional y artificioso de cualquier instancia subjetiva.

 

[14] La idea de los personajes como dibujos me hace pensar en la expresión “le quedó pintado”, es decir perfecto, a la altura de lo imaginado.

 

[15] Serge Doubrovsky (1928-2017) vivió en los Estados Unidos desde 1966, año en que comenzó a enseñar en el departamento de literatura francesa (Department of French Literature, Thought and Culture) de NYU, institución de la cual se retiró en 2010. También enseñó en Brandeis University, Harvard, Smith College y NYU-Paris (a partir de 1972).

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