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Blondie

 

Sophia Gómez Cardeña
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 – Oye, huélelo ¿Ya despertó?

 

– No seas impaciente, dormir es muy importante a su edad.

 

– Ya se, ya se. Es lo mejor de esos meses.

 

– Espera, me parece que se está estirando.

 

– … ¿Hola? …Oh, disculpe señor, quise decir buenos días. Solo lo veo a usted, pero siento la presencia de alguien más. ¿Me equivoco?

 

– Buenos días pequeño. ¡Hasta que al fin despiertas! Aquí somos tres, al menos hasta ahora.  ¿Cómo te llamas?

 

– Mi nombre es Tomás, pero pueden decirme Tommy.

 

– No me gusta, no tienes cara de Tommy. Ya se me ocurrirá otro.

 

– Mau, no seas así. Hola Tommy, yo también soy un perro. Estoy en el canil de abajo. ¿Cómo estás? ¿Habías venido a una veterinaria antes?

 

– Creo que no. Los últimos días han sido un enredo, ando muy confundido. Solo sé, con certeza, dos cosas:  sé que soy el primer perro en la casa de mis dueños y que he abierto los ojos hace tres semanas. Aún me estoy acostumbrando a reconocer visualmente los lugares, pero este olor no lo tenía registrado antes. Debe ser mi primera vez en un lugar así. ¿Qué es una veterinaria?

 

– Poco a poco irás conociendo más cosas, pequeño. Para los de tu especie, y Memo no me dejará mentirte, el inicio de la vida suele ser luces y sombras. Sobre tu pregunta, una veterinaria es un lugar para revisar nuestro cuerpo. A veces, esta revisión se hace con fines inofensivos y hasta provechosos, pues nos ayudan a asegurar nuestra supervivencia. Por ejemplo, dada tu edad, seguro estás aquí para que te pongan las primeras vacunas. Pero, en otras ocasiones, nos someten a humillaciones, como lo que voy a tener que vivir hoy. ¡Bañarme a mí! ¡Yo que soy el rey del aseo personal!

 

– Es usted un gato, ¿verdad?

 

– Sí Tommy, qué torpes somos, no nos hemos presentado. Mi nombre es Mauricio, pero dime Mau, a secas.

 

– Yo soy Guillermo, pero puedes decirme Memo.

 

– Son mis mayores, no creo que pueda tutearlos.

 

– ¡Qué cachorro para más educado! Dirígete a nosotros como te sientas cómodo. ¿Puedo hacerte una pregunta? Mi curiosidad felina me está matando.

 

– Dígame Don Mauricio

 

– Al menos dime Mau, Tommy. Bueno, ¿es la primera vez que conversas con otros animales desde tu destete?

 

– Así es. No he vuelto a ver a mis hermanos, ni a mi madre. Mis dueños me dicen, todas las noches, que no llore, que ya se me pasará, pero no lo puedo evitar.

 

– Es que no es normal, pequeño. No lo es. Yo he pasado lo mismo que tú y, a mis años, sigo pensando que los humanos nunca podrán comprender cómo nos sentimos. Nos hacen parte de su familia rompiendo la nuestra…

 

– ¿Memo, estás bien? ¿Sigo yo?… Tommy, lo que Memo quería decirte es que, con nosotros, puedes expresarte con libertad. Hay muchas cosas que los humanos no te van a contar, ya sea porque no lo saben o porque han distorsionado la realidad a su conveniencia. Por ejemplo, ellos han expandido la idea de que los gatos y los perros no nos llevamos bien. Pero míranos a nosotros. Memo y yo nos conocimos hace 8 años en esta misma veterinaria…

 

– Y somos inseparables desde entonces.

 

– ¿Ustedes viven juntos? ¿En la misma casa?

 

– Nos encantaría, pero no. Cada uno tiene una familia humana diferente, aunque somos vecinos. Vivimos en la misma cuadra y siempre encontramos la forma de conversar. Y ahora que me percato, casi ni te hemos dejado hablar. ¿Hay algo que nos quieras preguntar?

 

– Gracias don Mau. La verdad es quisiera saber más de usted, don Memo. Como no lo puedo ver y ha estado más callado, me ha dado curiosidad.

 

– Lo de callado es inevitable, Mau tiende a ser muy preguntón cuando conoce a alguien. Dime Tommy, ¿qué quieres saber?

 

– ¿De qué raza es usted?

 

– Uy, cachorro, ahora sí que le diste cuerda…

 

– De todas y de ninguna. Pero, para que me entiendas, soy cruzado. Y dada tu pregunta, puedo adivinar que, si aún crees en la categoría raza como un indicador válido de división animal, es porque eres un perro producido y subjetivado dentro de ese escaso abanico de razas perrunas hegemónicas en el Perú. La vida real dista mucho de ser como el Kennel Club, Tommy. A ver, habla un poquito más para sacarte el acento.

 

– ¿A qué se refiere?

 

– Ya, has pronunciado bien las palabras y sin agitarte. Descartamos los Pug y toda la gama de perros con problemas respiratorios. Hazme otro favor, ¿ya? Piensa en algo alegre, pero muy muy alegre.

 

– Ya.

 

– Listo. Por el sonido de tu canil, es obvio que al alegrarte moviste la cola. Entonces no has sufrido ese terrible proceso de mutilación en búsqueda de un pseudo embellecimiento animal. No eres un Cocker, ni un Boxer, ni un…

 

– ¿Mutilación?

 

– Concéntrate chico, última pregunta.

 

– Memo, déjame participar también. No me dejes de lado. Ando muy aburrido.

 

– Pero Mauri, tú lo tienes frente a ti, para qué quieres preguntarle…

 

– Tommy, dile de qué color eres.

 

– ¿Ah?

 

– No es gracioso, Mauricio. No lo es. Basta ya de jodernos con eso de los colores. ¿O acaso yo te jodo por todas las bolas de pelo que vomitas? ¡Tu propio pelo, además!

 

– Cada vez que te molestas se te sale ese ancestro pequinés del cuál no solo heredaste el mal genio sino también la talla.

 

– Espera Mau, creo que no estamos solos.

 

– Buena y productiva mañana, caseros. Estuve escuchando su conversación y esperaba que terminaran, pero creo que tienen para rato. Memo, el perro en cuestión es un Golden Retriever. O sea, es color dorado que creo que, para ustedes los perros, es el tono más claro de plomo. Disculpen por interrumpir su jueguito de adivinanzas, pero estoy bastante apurado. ¿Hoy van a pedir algo? Recuerden que cierro pedido a las cuatro de la tarde. Me avisan. Con permiso, debo ir a visitar los otros espacios.

 

– ¿Quién era él?

 

– Sabía que ibas a preguntar, Tommy. Ese animal pequeño, dientudo y de cola larga se llama rata. Así, en genérico. Tienen una política interna de no decir sus nombres a no ser que sea algo de vida o muerte. En la antigüedad, los felinos solíamos comerlas. Ahora los gatos de casa, como yo, solo las capturamos en ocasiones especiales. El resto del tiempo podemos convivir, alejaditos eso sí, en relativa armonía.

 

– Lo más importante que debes saber sobre las ratas no es eso. Mau, no lo distraigas con tus comentarios autoreferenciales. Tommy, las ratas son centrales en nuestras vidas porque trafican cosas. Esa es la actividad principal de los roedores en el mundo: traficar lo que los animales les pedimos, ya sea objetos materiales o información. Y son muy efectivas, tanto que tienen la hegemonía del comercio mundial.  Por ejemplo, si le pides que te traiga algo aquí, a la veterinaria, te fía ahorita y luego te cobra en tu casa. Es como nuestro propio servicio Glovo, pero perfeccionado. Las ratas vienen haciendo eso desde miles de años, entre otras cosas.

 

– Don Memo, pero si no le he dado mi dirección ¿cómo irá?

 

– ¿Tú crees que son sonsas?  Ellas ya saben todo de ti. Siempre fueron muy prolijas en su trabajo, pero desde la llegada de internet la precisión de las ratas es inigualable. La que acabas de ver entra todas las noches a revisar las historias médicas. Esa ya debe saber hasta cuántas veces te tienen que pinchar la nalga más tarde para ponerte tus vacunas. También trafican con sedantes, pero ese es otro precio y no se responsabilizan por si se les pasa la pata.

 

– Tommy, debes estar hambriento. ¿Por qué no le pides a la rata algo de comer?  Pero que sea un alimento pequeño y empaquetado. Los traficantes no se caracterizan por su higiene, debes saberlo.

 

– …Mau, no me interrumpas. ¿En qué andaba? Ah sí, explicándole a Tommy cómo funciona el negocio. El servicio de tráfico de insumos en Lima lo coordina un roedor que se hace llamar “El Pericote del rock”. Este Pericote del rock, Peri para abreviar, trabaja como personal administrativo en una de las instituciones educativas más grandes del país. Tiene contacto en todo lado la rata esa. Bueno, allí ha logrado establecer una red de tráfico utilizando a los roedores más snobs del planeta: las ardillas. Peri tiene un lado muy emprendedor, hay que reconocerlo. Como el tráfico vía ardillas fue un éxito en ese lugar, decidió trasladar el mismo formato a distritos como Miraflores y San Isidro. Las ardillas tienen pinta de inofensivas y Peri le sacó el jugo a eso para traficar de día en lugares en los que la presencia de una rata sería muy aversiva y levantaría sospechas.

 

– Gracias por la información, don Memo. Cuando regrese la rata le pediré unas galletas. ¿Usted, señor Mau, desea algo? Yo invito. ¿Señor Mau, está durmiendo? Don Memo a usted no le pregunto porque se ve que está bastante llenito ¿Es por eso por lo que está en la veterinaria?

 

– Mira, chiquita…

 

– Soy macho, señor.

 

– ¿Todavía crees en esas divisiones? La identidad no depende de los genitales, mon cherie. Los humanos tienen sistemas restrictivos para todo, les dan una sensación de dominio, pero anda déjalos solos en la naturaleza y vas a ver cómo entran en pánico. En cambio, nosotros, todo lo podemos desde nuestra conexión animal.

 

– Pero eso no quita que tengo un pito y testículos. He visto que hay otros perros que no los tienen y son nombrados como “hembras”.

 

– “¿Nombrados”, “testículos”? Cómo se te nota la lengua azul desde tan pequeño. Pues mira, los humanos hacen de todo con uno, vas a ver que pronto te castrarán y ahí se te caerá toda la teoría biologicista porque te seguirán nombrando en masculino, aunque ya no tengas bolas.

 

– Memo, no te pases. Me duermo un rato y ya comienzas. No lo fastidies con tanta información, es todavía un cachorro joven. Mira sus ojitos de confusión. Oye, Tommy a ti te quedaría mejor el nombre Blondie…

 

-Por eso mismo hay que informarlo pues, Mau. ¿O tú crees que en su casa le van a explicar cómo es la vida? ¿No acaba de decir que es perro único? Además, ya llegó la hora de que los Golden Retriever se aviven y cuestionen sus propios privilegios. Todos los perros sabemos que ellos están en la cúspide de los cánones de belleza occidental. O sea, ganan el premio mayor en la categoría de perros bonitos pero aburridos. ¡Nada interesante en la cara de ellos, caramba! Sin ofender, por si acaso, Tommy. ¡Y todas las familias se obsesionaron con ellos desde los 90, por el bendito Cometa! Aunque una notable excepción son los Golden Cruzados. Mau, ¿has leído que quieren fundar el movimiento “Golden Mezcliver: por el abolicionismo de las razas”?

 

– Sí claro, lo de las razas es muy fuerte en tu comunidad Memo. Para ser franco, creo que es una tara que los sigue jalando para abajo en la tarea de la independencia como sujetos. Blondie, ya vi que te perdiste. Te explico. A los perros de raza que son adoptados como mascotas, no solo no los dejan salir sino hasta los hacen trabajar sin recibir una retribución adecuada y hacen quedar a los humanos como más inteligentes de lo que son. Esa dominación basada en la raza es algo que los gatos, felizmente, hemos abolido hace tiempo. Nuestra libre circulación por la ciudad favoreció los intercambios sexuales y esto hizo que los humanos no puedan controlar nuestra reproducción.  Sí, es cierto que siempre hay uno que otro humano huachafo que prefiere comprar gatos de raza, pero incluso estos colegas saben su lugar de privilegio y lo usufructúan en bien de la lucha común, que, en nuestro caso, no es la búsqueda de la independencia sino la dominación mundial a través de la belleza.

 

– Pero, don Mau, ¿no dijo usted hace 7 minutos que los roedores son los dueños del mundo?

 

– Corrección, mi dorado amigo. Primero, lo dije hace un minuto, solo que aún no has entrenado tus sensores de temporalidad para ajustarlos al estándar del reino animal. ¡Ustedes los perros siempre andan tan adelantados! Y segundo, son las ratas y los ratones los que dominan el planeta con su poder económico. Hay otros roedores, como los cuyes y conejos, que han devenido mascotas o comida, dependiendo de la zona geográfica en la que se encuentren. Así, como transitan entre el privilegio de ser mascota y la constante amenaza de ser devorados, los pobres andan un poco histéricos. Otro lote son los ratones blancos, una subespecie producida en los laboratorios para deleite de los humanos que quieren jugar a ser dios.

 

– ¿Devenido? ¿Comida?

 

– Disculpa si te asusté pequeño, pero ya no me desvío. Las ratas y los ratones son los señores de este mundo. Las personas tratan de aniquilarlos porque son peligrosos, pero a pesar de todos los sistemas de exterminio que han diseñado- y mira que los humanos son casi especialistas en eso- las ratas y los roedores son los reyes del swing.

 

– ¿Por qué son peligrosos?

 

– Mau, ¿no que no había que enredar al pequeño? Ahora solo falta que quieras maullarle sobre Rodolfo Ratonzo, el ratón precursor de la peste bubónica en el siglo XIV.

 

– Tienes razón, Memo, tú sabes cuál es mi debilidad. Lo que pasa, Blondie, es que yo estudié un posgrado en Historia Humana Universal en Prrrortugal. Pero no creas que soy un intelectual o algo así. Todos los animales con algo de conciencia política y deseos de cambiar el mundo hemos estudiado un poco de historia, ya sea de forma autodidacta o, los más afortunados como nosotros, en universidades. Memo, cuéntale a Blondie dónde estudiaste.

 

– En la Escuela Canina de París. Pero, en mi caso, obtuve doble grado: Análisis de la esclavitud animal y Altos Estudios de la Moda. Tengo que confesar que fue en París, con mi jauría latinoamericana, que empecé a valorar mucho más el rol de los animales del hemisferio sur. El perro sin pelo, por ejemplo. Ufff, todo un espécimen revolucionario, desestabilizando tanto los procesos colonizadores instaurados por la política como luchando contra los cañones de belleza que imperan hasta ahora en mi especie.  Tuve mucha suerte porque el viaje de mi familia humana duró el tiempo justo para terminar mis estudios.

 

– Seguro que tus humanos solo te llevarán a Miami. Pero no importa Blondie, si tienes la chance de viajar al extranjero date una visita a las universidades y toma cursos. Al ser animales, la educación es gratuita para nosotros. Incluso, si tus humanos no viajan, Memo y yo podemos enseñarte algunas cosas. Lo primero es aprender a leer. En eso Memo tiene más paciencia que yo. Pero una vez que ya sepas, te voy a prestar un libro que, estoy seguro, te va a encantar. Se llama “Cat Power, la toma de la Tierra”, escrito por el gato argentino Romeo Palmeiro. Es el libro de cabecera para toda mi especie.

 

– ¿Y de qué trata el libro, don Mau?

 

– En líneas generales, es sobre cómo la belleza indiscutible de mi especie es nuestra estrategia para conquistar el mundo y emanciparnos de la “Nación mascota”, régimen instaurado por los humanos para quitarnos el protagonismo que merecemos. ¡Uy, no sabes la cantidad de textos que puedo prestarte! Es más, ahorita acabamos de iniciar con otros animales de la cuadra un grupo de estudio sobre la obra de la filósofa argentina Mónica Cragnolini.

 

– Mauricio, no seas indiscreto. Y, por favor deja de moverte, que creo que estoy oliendo humanos cerca. Sí, está viniendo el veterinario. Huele a medicina y plástico. Son inyecciones. Debe ser para ti, Blondie.

 

– Gracias por avisarme Memo. Bueno pequeño, te van a llevar a otra sala a ponerte las vacunas. Si no regresas acá es porque tus humanos te van a recoger.

 

– Entonces, ¿esta es nuestra despedida?

 

– Por ahora, Blondie. Pero no te preocupes, le preguntaremos a la rata tu dirección y te visitaremos pronto.

 

– Muchas gracias. Extrañaba hablar de esta manera con… con… con animales como yo. Don Memo, espero que me pueda enseñar a leer. Don Mau, tengo mucha curiosidad por el libro que me comentó y por el grupo de estudios…

 

– Chico, toca acortar el speech que ahorita llegan.

 

– Mantente en silencio, Blondie. Hay que hacer como si no nos conociéramos, para que los humanos no sospechen.

 

– Ya, chau. Nos vemos pronto. Cuídense mucho.

 

 

 

 

– Memo ¿qué te pareció el pequeño?

 

– Ingenuo y adorable, como todo Golden. Olía a perrito bebé.

 

– Y con tantas ganas de escuchar y aprender ¿no? Yo no le sacaba los ojos de encima y lo veía siempre sorprendido. No dejó ni un momento de mover la cola. ¿Lo notaste?

 

– Claro que sí. Mi canil temblaba al ritmo de su cola. Estás pensando lo mismo que yo, ¿verdad?

 

– ¿Por qué lo dices?

 

– Tus bigotes se están moviendo de esa forma entusiasta, como cuando hablamos del tema.  Pero, más allá de eso, me di cuenta de que lo rebautizaste como la cantante esa que adoras. 

 

– Claro, es que le calza perfecto. Además, cuando lo veía sentado, con las orejitas bien paradas y sonriendo, pensé: “tiene un aire a Memo cuando era bebé”.

 

– Ya, no exageres. En un mes ya me va a doblar en estatura.

 

– Es probable. ¿Sabes? Creo que ahora será más sencillo, mucho más sencillo.

 

– Yo también, estoy seguro. Primero, porque le caíste bien. Eres bien difícil de querer a la primera, Mauri.

 

– ¿Parece que alguien quiere un roce de mis garras en su lomo?

 

– Ya, ponte serio. Me gustaría que hablemos de esto antes de que te vayas a dormir. No entiendo cómo has podido estar despierto casi 2 horas seguidas.

 

– Es que le pedí a la rata que me consiga un estimulante, pero tienes razón. Pronto tendré que recuperar el sueño.

 

– Concuerdo contigo en que será más fácil. Además, la rata ya nos dijo que vive en nuestra cuadra. Es una señal. Debe haber sido adoptado por los Romero.  De seguro que ambos vamos a coincidir en los paseos y podré conocerlo más.

 

– Yo puedo ingeniármelas para aparecer en uno de sus recorridos semanales. Pero creo que es mejor que lo visite por las noches, antes de ir a dormir contigo.

 

– Sí, tienes razón. Al menos así por el primer mes.

 

– ¿Y en qué momento crees que sea oportuno proponérselo?

 

– Cuando Blondie sienta lo mismo que nosotros, que asumo será pronto. ¿Viste con qué sentimiento hablo de su madre y hermanos? Tú lo podrás detectar mejor con tu sentido felino.

 

– Sí, mi perrito. ¡No puedo creer que después de tantos años al fin vayamos a ser padres!

 

– Yo tampoco, mi mishi. Si nuestro amor interespecie ya nos hace fama de revolucionarios, ¡no me imagino lo que dirán de nosotros cuando se enteren de que estamos adoptando y educando a la raza más tradicional del planeta!

 

– Lo sé, mi doggy. Blondie será nuestra cría y la historia nos recordará como los precursores de este nuevo movimiento animal. Este es el primer paso para lograr todo lo que deseamos.  ¡Viva la revolución interespecie!

 

– Pero siempre a tu lado, Mau.

 

– En esta y en mis 7 vidas, Memo.

 

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