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ENTREVISTA

Ser equipo con las comunidades de Costa Rica: Entrevista a Carlos Sánchez Avendaño

Silvia Rivera Alfaro y Antonio Tudela Martí
The Graduate Center, CUNY

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Carlos Sánchez Avendaño es catedrático de la Universidad de Costa Rica. Trabaja con diversas comunidades etnolingüísticas, particularmente con comunidades indígenas, en procesos de revitalización y revalorización de lenguas que han sido minorizadas y desplazadas en el país. Su libro más reciente es La cola de la iguana. El pueblo malecu ante el desplazamiento de su lengua y su cultura tradicional.

Nos gustaría que nos cuentes un poco sobre el proyecto en el que trabajas actualmente.

En realidad son dos proyectos que se enmarcan en lo que en la Universidad de Costa Rica se denomina Acción Social; es decir, trabajo de proyección hacia las comunidades del país, que se considera como una de las tres áreas sustantivas de la Universidad, junto con la investigación y la docencia. El primero empezó a trabajar formalmente desde el 2013; ese es un proyecto de trabajo comunal universitario (TCU) y básicamente responde a que todo estudiante de la Universidad de Costa Rica para graduarse debe cumplir con esas 300 horas de trabajo comunal, una especie de servicio comunitario.

El segundo proyecto, que se denomina Diversidad y Patrimonio Lingüístico de Costa Rica, empezó en el 2016 y es también de acción social, pero dentro del área que se denomina extensión cultural. Así pues, ¿cuál es la diferencia? Básicamente, el proyecto de extensión cultural, por estar enmarcado dentro de esa sección como tal, tiene un enfoque más patrimonial. Es la visión de las lenguas como patrimonio de las comunidades, y por eso ha estado centrado desde su creación en la construcción, la elaboración de las enciclopedias temáticas, etnográficas e ilustradas de diferentes aspectos de las culturas tradicionales de varios pueblos indocostarricenses.

El otro proyecto, el TCU, que se denomina ahora Lenguas y Tradiciones Orales de Costa Rica, es mucho más abierto en sus objetivos. Se dedica a apoyar iniciativas de creación de materiales didácticos o recursos en general, recursos lingüísticos. También, apoya iniciativas -digamos- muy personales de los miembros de las comunidades indocostarricenses o incluso de la comunidad sorda costarricense; en algún momento apoyamos una iniciativa, por ejemplo, de la documentación de la lengua de señas original de Costa Rica, que es una lengua muy muy desplazada y sin documentación hasta esta que ayudamos a filmar, básicamente a uno de los últimos hablantes de la lengua.

También en ese sentido, hemos apoyado la publicación de libros, de documentación de la cultura escritos por miembros de la comunidades, documentales dirigidos y organizados por miembros de las comunidades, lo que decía de recursos lingüísticos y recursos didácticos abarca los diccionarios pictóricos de diferentes temáticas, lonas para pegar en las clases de lengua, aplicaciones para celular, juegos para celular y para computadora, iniciativas tipo talleres de narrativa oral, talleres de marionetas basadas en la tradición oral, creación de música en las lenguas, tanto música infantil como música que hemos llamado juvenil, documentación de la música tradicional también; creación de diferentes recursos bibliográficos para las comunidades, libros de lectura, juegos en físico. En realidad es muy amplio en sus objetivos que van desde la creación de recursos didácticos y recursos lingüísticos en general para las comunidades eso sí, hasta apoyar iniciativas diversas talleres de artes escénicas, talleres de expresión corporal, música, iniciativas de visibilización de la lengua e iniciativas de fortalecimiento y revitalización de las lenguas y culturas asociadas a estas.

En cambio, el otro proyecto de Diversidad y Patrimonio Lingüístico de Costa Rica tiene este marco más patrimonial de la lengua y se enfoca básicamente en la creación de las enciclopedias temáticas que son también para las comunidades. Y todo esto, todo lo que he mencionado, se crea con participación activa clarísima de los miembros de las comunidades, se crea para las comunidades y se crea a solicitud de las comunidades también.

Según entendemos, trabajás desde un enfoque basado en la etnografía y la colaboración academia-comunidad, ¿cómo se diferencia del enfoque puramente basado en la gramática?

Yo no me refiero a eso que ustedes llaman “enfoque puramente basado en la gramática” con ese nombre; creo entender a qué se refieren. Yo le llamo a ese enfoque de “creación de un producto para la academia” o un producto de corte académico tradicional, por decirlo así.

Los dos proyectos trabajan desde un enfoque basado, no diría yo tanto en la etnografía aunque, obviamente, todo lo que producimos en principio es etnográfico-lingüístico, sino sobre todo diría que se caracterizan por ser proyectos de base comunitaria. Efectivamente hay una conformación de equipos en los que participan miembros de las diversas comunidades y miembros de la Universidad de Costa Rica, llámense profesores, funcionarios -que no son docentes- y estudiantes y asistentes. Todo este equipo humano trabaja en los diferentes proyectos según sus diferentes saberes. Nos gusta pensar que efectivamente hay una conjunción de saberes técnicos de los miembros de las comunidades y los miembros de la comunidad universitaria.

En ese sentido, por ejemplo, si hablamos de las enciclopedias, entonces, para x tema que se desea documentar para crear alguna enciclopedia se recurre a los que son identificados en las comunidades como portadores de conocimiento, como personas que saben del tema; se recurre también a las personas consideradas “hablantes legítimos”, por ponerles etiqueta, porque aquí nosotros respetamos ciertos criterios internos propios de las comunidades. En ese sentido, en las comunidades hay hablantes que son considerados… usé esa etiqueta de “legítimos”, digamos hablantes que son considerados más conocedores, más tradicionales, hablantes plenos en general, por usar una categoría de la lingüística, y otros, como decía, portadores de conocimiento, de x tipo de conocimiento. Por ejemplo, cuando realizamos la enciclopedia de la agricultura tradicional, son los miembros de las comunidades quienes determinaban “¡ah!, estos son los que saben de agricultura tradicional”, y entonces recurríamos a ellos. Y en cuanto a los aspectos lingüísticos, también se recurría a otros hablantes para completar la documentación, y así. En esto, digamos, me estoy refiriendo mucho a las enciclopedias, pero es muy variable. Cuando estamos hablando de los proyectos de música o los talleres de artes escénicas o de marionetas se trabaja con población muy joven: niños en edad escolar, jóvenes en edad de secundaria, o de 20 a 25 años, una cuestión así, y que participan, por ejemplo, con los estudiantes de música, de filología.
Efectivamente es un proyecto de base comunitaria en tanto, insisto, las iniciativas comienzan por solicitud de miembros de las comunidades, de algún miembro o de un grupo de miembros de la comunidad, y se siguen ciertos parámetros de colaboración respetuosa. Aquí a mí me gusta enfatizar que es una relación de tú a tú, en el sentido de que -bueno más adelante vamos a hablar de las cuestiones del poder, que son insoslayables-, en el sentido de que se reconoce que los miembros de las comunidades aportan cierto tipo de conocimiento y las personas que vienen de la Universidad de Costa Rica aportan otro cierto tipo de conocimiento, que en conjunción sirve para desarrollar las iniciativas. Tratamos de darle igual prestigio, igual valor -ese es el término-, a ambos tipos de conocimiento. No me gusta caer en los excesos de que, por querer valorizar o revalorizar el conocimiento tradicional de las comunidades, que sabemos muy bien que históricamente ha estado desprestigiado, ha estado marginado, se desvaloriza el otro conocimiento, por ejemplo, técnico o universitario, académico. ¡No, aquí los dos tipos de conocimiento son valiosos, cada uno a su manera!

Por su parte, el otro enfoque, el que ustedes llaman “basado en la gramática”, que yo denomino más bien “enfoque tradicional académico”, es un enfoque que va dirigido a producir una documentación. Por ejemplo, un material para uso de los académicos. Estamos hablando de gramáticas descriptivas, técnicas, diccionarios bilingües con toda la tecnicidad que eso implique, documentación de la tradición oral en un formato académico, con traducción morfemática, traducción libre, notas etnográficas, un estudio introductorio, etc. Eso es muy valioso; no le niego el valor a ese tipo de trabajo, porque de hecho nosotros aprovechamos muchísimo esas gramáticas descriptivas técnicas, esos diccionarios, esas recopilaciones de tradición oral, las aprovechamos para mucho de lo que desarrollamos. De hecho, son valoradas por algunos miembros de las comunidades, que también les sacan provecho, por ello, ese tipo de trabajo sigue teniendo un lugar.

Sin embargo, el trabajo que nosotros desarrollamos en estos proyectos va enfocado a producir algo que responda a un formato adecuado para las diferentes personas de las comunidades. Y me refiero a diferentes personas tomando en cuenta variables como la edad; de ahí la necesidad de crear aplicaciones para celular, para poner un caso, o los juegos más de tipo infantil o la música infantil. Esa es una diferencia: es una documentación, porque realizamos documentación lingüística y documentación etnográfica, pero es una documentación que desde su primera fase, la fase de planificación, está pensada para resultar en un material o en un recurso en un formato adecuado y accesible para las comunidades.

Nos gustaría hablar de los diccionarios que realizás dentro del proyecto, ¿qué particularidades tienen como instrumentos?, ¿de qué otros instrumentos ‘hecha mano’ el proyecto?

Creo que ya me referí mucho a eso, incluso haciendo el énfasis de que no se trata solamente de diccionarios, sino que mucho de lo que hacemos ahora son enciclopedias como tales, enciclopedias temáticas con todo lo que implica para nuestra forma de ver esto que llamamos enciclopedia: un compendio de información completa, profunda y especializada sobre un tema. Otras características tanto de esos diccionarios temáticos como de las enciclopedias etnográficas: son monolingües, en la mayoría de los casos, están en la lengua de la comunidad y con una introducción en español, porque el proyecto está enmarcado dentro de toda una institución y dentro de unas formas de concebir el trabajo dentro de esa institución y hay que responder a eso. Por ello, en la introducción en español se explica el proyecto: qué se hace y cómo se hace. Muy importante, esa introducción es también para los miembros de las comunidades: contiene una explicación completa y sencilla de cómo está estructurado el material. Pero eso sí, el contenido de los diccionarios y las enciclopedias es totalmente monolingüe. No se traduce al español para nada. Todo está en la lengua respectiva de la comunidad.

Y todo está ilustrado. Esa es la segunda característica. Son materiales o recursos totalmente ilustrados. Y esa ilustración no es una forma de embellecer o hacer más atractivo el material, sino que es ilustración etnográfica. En sí misma aporta información sobre la cultura. Somos muy cuidadosos con eso. O bien, digamos que es una ilustración, cuando el caso lo amerita, no diría científica, pero sí digamos muy cerca de la ilustración científica, cuasi científica. Por ejemplo, ahora que estamos este año con la enciclopedia de las plantas malekus; esa ilustración se acerca mucho a la ilustración científica. Y cuando son otros temas, la ilustración es más etnográfica.

Hay una excepción a esto de que “son nada más en la lengua de la comunidad”, puesto que hay una lengua con la que trabajamos que está muy desplazada: el brorán o térraba. Y un material en particular, en la enciclopedia de la agricultura, se produjo casi totalmente en español: tiene una primera parte que es un diccionario que ese sí es monolingüe en brorán. No obstante, la parte propiamente de la enciclopedia es en español, puesto que esa fue la solicitud que nos hizo la persona que pidió la colaboración, que fue uno de los maestros de cultura de la comunidad, pensando en que es una lengua muy desplazada. Pero otros materiales son totalmente monolingües; por ejemplo, la enciclopedia de la alimentación (el recetario de la alimentación tradicional) se publicó totalmente en brorán.

Son monolingües y temáticos. No producimos diccionarios generales de la lengua ni enciclopedias generales de la cultura, sino específicos y de temas particulares. Son ilustrados, son etnográficos, son etno-semánticos, por lo tanto, en la medida de lo posible, están estructurados según las categorías de la cultura. Por ejemplo, en el caso del diccionario de los animales, según las categorías etno-zoológicas de cada comunidad indígena.

Me gusta decir que los materiales son poligeolectales: tratamos de incluir bastantes variedades de la lengua (no todas, por eso no digo que sean pangeolectales), todas las que podamos. Además, no tomamos decisiones de “incluir esta palabra sí y esta no”, sino que incluimos todas las que se documentan. En este sentido, son materiales que documentan las variedades y variantes de la forma más exhaustiva posible, aunque, obviamente, siempre va a faltar mucho.

Otra característica es que esos materiales, además de ser impresos, tratamos siempre de crear una versión digital con audio, pues obviamente sin el audio, sin la pronunciación, poco sentido tiene en muchos casos; no estamos ante lenguas asociadas a culturas que tengan una tradición gráfica, una tradición de grafización o de literacidad. En este sentido, si bien muchos miembros de las comunidades piensan que sus lenguas deben escribirse y que deben usarse para diferentes documentos y diferentes usos por escrito, de ahí tanto lo de la grafización como lo de la literacidad, también estamos muy conscientes de que en tanto recurso didáctico, recurso de referencia, se necesita sí o sí el audio. Por ello, tratamos de que vayan con audio y en digital para que circulen más fácilmente.

Nos interesa hablar del poder, ¿cómo conseguís [si es posible] “escapar/negociar” la figura de autoridad que implica ser lingüista?, es decir, ¿cómo posicionarse ante ese poder que implica ser “el especialista” frente a la comunidad?

Bueno, hablemos del poder. A mí ni siquiera me interesa ponerle tanta energía a tratar de escapar de esa figura. Creo que lo más sano, lo más coherente es reconocerla precisamente y decir “muy bien, yo estoy en esta posición”, ya no solo de lingüista sino de profesor; de profesor de la Universidad de Costa Rica, con todo lo que eso implica a nivel de imaginario en las diferentes comunidades y en las diferentes personas con las que uno trabaja. Por este motivo, yo no le veo sentido a tratar de ocultar eso, para nada. Pero lo que sí me parece importante es validar al otro en tanto cuál es su rol dentro del proyecto, dentro de la comunidad, etc. Por ello, algo en lo que yo insisto mucho es que cuando estamos haciendo, por ejemplo, estamos documentando algún tema y alguna de las personas con las que estamos documentando me sale con algo así como “es que usted es el que sabe, porque usted es el profesor, usted es el lingüista”, yo trato de devolvérselo y decirle, “pero es que usted es el que sabe, porque usted es el hablante, o usted es el sabio de la comunidad, usted es el conocedor de este tema”.

Trato como siempre de estar reforzando eso, porque tenemos que reconocer también eso, que en las comunidades, luego de toda una larga historia que conocemos bien… muchas veces se valida al otro externo, pero no al interno necesariamente; entonces eso siempre estamos tratando de reforzarlo: “ustedes son bilingües, yo no; ustedes son los que son… pueden cambiar de su lengua al español como si nada, verdad” y “usted es el que aprendió a hacer esto bien, usted es el que sabe hacer esto bien”. En el caso, por ejemplo, de los niños, “es que usted es el que es de la comunidad” o “sus ancestros son los de la comunidad”. Tratamos siempre de estar enfatizando eso. Y así reconocer las relaciones de poder diverso que van en las dos vías.

Es cierto que estamos más acostumbrados a presenciar desde la vía -digamos- del académico, del externo, del profesor hacia la comunidad. Pero también dentro de la comunidad muchas veces hay gente que invalida el conocimiento o el aporte que puede realizar el lingüista o el académico y solo valida el conocimiento interno. Y aquí las dos vías funcionan, en realidad.

¿Cómo posicionarse frente a ese poder que implica ser el especialista frente a la comunidad?

Bueno, creo que ya lo dije, ¿verdad?, es reconociéndolo: Sí, yo soy especialista en lengua y puedo tratar de hacer eso bien; igual hay estudiantes que son especialistas en agronomía, y especialistas en diseño gráfico, y hay especialistas en informática, y cada uno desde su especialidad aporta. Entonces, también reforzamos en qué son especialistas los diferentes miembros de la comunidad que participan.

En este sentido, ¿crees que ese tipo de lógica tecnicista puede ser en algún grado responsable de producir y/o reproducir desigualdades sociales aún pese a tratarse de proyectos con claras aspiraciones emancipatorias?

Yo, como les digo, creo más en trabajar de una manera que sea respetuosa, que sea colaborativa. Me gusta mucho usar el término equipo y siempre lo estamos reforzando en nuestro trabajo: “somos un equipo”. Ustedes los de la comunidad, nosotros los de la Universidad, somos un equipo y como equipo podemos hacer muchísimo, muy muy interesante. Tenemos metas en común. Tenemos un objetivo concreto en cada iniciativa que emprendemos. Pues sí, posiblemente hay lógicas tecnicistas de por medio, posiblemente hay reproducción de desigualdades sociales… Pero bueno, volvemos a lo mismo, yo prefiero tratar de actuar con base en principios, con base en una cierta ética, pero actuar, trabajar y no hacerme rollos de que si esto es así o si estoy reproduciendo esto o lo otro. Hay que tener siempre encendido el botón de la autocrítica, eso es cierto; de la reflexión, del estar confrontándose uno mismo; de estarse uno siempre preguntando. Eso sí hay que hacerlo, pero también uno tiene que tener los pies en la tierra y saber que responde a una institucionalidad: yo trabajo para la Universidad de Costa Rica y hay una dinámica institucional a la que debo responder; los estudiantes son estudiantes o asistentes de la Universidad y deben responder a esa dinámica; los miembros de las comunidades son miembros de las comunidades que deben responder también a dinámicas particulares. Creo que todos respondemos a ciertas dinámicas, a ciertas instituciones, a ciertas conceptualizaciones y lo mejor que podemos hacer es estar conscientes de eso y ejercer continuamente la reflexión sobre eso. Creo que es lo mejor que podemos hacer.

¿Qué pasa, por ejemplo, cuando comparan procesos de revitalización (y desplazamiento) como “exitosos” y otros no exitosos de manera descontextualizadas?

Esto es algo que yo, particularmente, veo como un problema. Incluso el mismo término exitoso, que creo que está demasiado asociado a ciertas conceptualizaciones muy de nuestra época, muy de esta cultura industrializada y de resultados; de hecho yo hablo de una cultura resultista: resultados medibles, cuantificables y entonces llega el “uy, ya tenemos tanta cantidad de hablantes”, el “ya saben tantos elementos”, o “ya están en x nivel”. Y ese nivel se correlaciona con x capacidades y x cantidad de posibilidades de uso de la lengua, etc. “Ya tenemos tantos neohablantes”, todo gira en torno a esta dinámica resultista-cuantificable. Es por eso que el término “exitoso” no me gusta y no me siento cómodo con él, aunque seguramente en algún momento lo he usado y, seguramente, lo emplearé en el futuro, porque, volviendo a lo mismo, respondo a una institucionalidad y hay que hablar según el lenguaje y las conceptualizaciones de esa institucionalidad, pero en términos de cómo a mí me gusta conceptualizar el trabajo, yo prefiero simplemente no quedarme en ese término y en esa cuestión de si algo es exitoso o no.

Y en este sentido, yendo más allá y para lo que ustedes me preguntan, efectivamente la comparación de los procesos de revitalización lingüística debe hacerse con base en un contexto particular en el que x proyecto, x actividad, x acción o x recurso funcionó o no funcionó, y en qué medida lo hizo y para qué funcionó o por qué no funcionó, etcétera. Y tratar de trasladar eso como si estuviéramos ante universales socioculturales me parece, además de un grave error, una falta de respeto e implica la creación de expectativas que no corresponden para procesos tan complicados como el desplazamiento de lenguas y la revitalización. El mismo término revitalización a mi no me gusta, creo que crea unas expectativas muy particulares, ¿verdad? Esto de “volver a darle vida” o “volver a hacer vital”. Por lo tanto, cuando se comparan procesos de revitalización de manera descontextualizada, pues lo que obtenemos son generalizaciones que no se corresponden con la complejidad de la realidad sociocultural y sociohistórica de cada comunidad.

¿Qué elementos políticos forman parte integrante del discurso legitimador?

Si entiendo bien esta pregunta, yo diría que hay toda esta onda de revitalización lingüística que responde también a conceptualizaciones internacionales. En el caso de Costa Rica, es muy claro que esto de alguna manera ha surgido tanto en las esferas políticas -particularmente- como académicas tras una valorización de los procedimientos de revitalización y desplazamiento por parte de organizaciones como la UNESCO. Lo interesante es si a nivel de las comunidades podríamos decir que efectivamente en todos los casos hay un surgimiento de preocupaciones por ese tipo de procesos autónomo, o, mejor dicho, autóctono, o si también responde a intereses o incluso a modas internacionales; y, de nuevo, creo que es muy complejo, porque encontramos ciertos elementos que son puramente de surgimiento autóctono, pero también otros que claramente responden a influencias, contactos, más en esta época en que todo el mundo tiene acceso vía internet a lo que está pasando en otros lugares.

Desde tu perspectiva, ¿cómo es el panorama de los procesos de revitalización lingüística y cultural en América Latina? ¿Existe un proyecto común más allá del ámbito nacional?

Yo no me siento con la capacidad de responder con total conocimiento realmente sobre el panorama de los procesos de revitalización lingüística y cultural en America Latina. América Latina es un contexto muy complejo, es una región muy compleja en estos términos y muy diversa. Por ello, incluso pretender comparar lo que ocurre en los países andinos, por ejemplo, con el quechua y lo que ocurre en Costa Rica con el brorán me parece que no tiene absolutamente ningún sentido.

Si vamos a comparar lenguas muy extendidas, que tienen una tradición de documentación, de descripción y de uso desde la colonia, por ejemplo, el quechua, el náhuatl, diferentes lenguas mayas, el kaqchikel… con lenguas que no responden a esa historia, que no fueron ni documentadas, ni descritas, ni usadas en ciertas esferas de prestigio y legitimidad durante la colonia, sino que han sido básicamente descritas o se les ha dado cierta relevancia hasta época muy reciente, así pues tenemos dos contextos muy distintos: lenguas habladas por millones o por varios miles a lenguas habladas por unos cientos, lenguas muy vitales y lenguas muy desplazadas, lenguas que cuentan con muchísimos recursos de parte de las comunidades, del Estado frente a lenguas con pocos recursos… Es tan compleja y tan diversa la situación, que yo no me atrevería a esbozar un panorama en cuanto a revitalización lingüística y cultural. Y es que además entran hasta particularidades; por ejemplo, los mapuches son famosos por ser una comunidad particularmente beligerante y otras comunidades no lo son en esa medida, es decir, actúan diferente, se comportan diferente y, por tanto, se pueden hacer cosas diferentes en cada contexto.

Y con respecto a si existe un proyecto común más allá del ámbito nacional, creo que hay intentos recientes de crear… Por ejemplo, ahora anda aquí circulando la idea -no recuerdo si es impulsada un poco por Bolivia- de crear un instituto pannacional, internacional o una cosa así, de las lenguas indígenas. No sé para qué serviría eso realmente; creo que lo más valioso es compartir experiencias, compartir buenas prácticas, compartir aprendizajes de diferentes procesos, diferentes proyectos, diferentes actividades. En ese compartir pueden surgir ideas de proyectos en común; pueden surgir simplemente buenas ideas que no son necesariamente transferibles, pero que sí pueden servir de base para crear a partir de ahí en una comunidad particular con un contexto particular distinto. En suma, creo que ese tipo de redes, ese compartir experiencias, me parece más valioso que cualquier intento de un proyecto común más allá del ámbito nacional.

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