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Solidaridad global, clave contra el COVID-19

   Iván Becerra

Especialista en Urgencias

Médico-Quirúrgicas,

en Punta Mita Hospital

 y en IMSS HGZ 42, México.

                                                                                                                  ibecerra1985@gmail.com

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          A principios de diciembre del 2019, se identificaron los primeros casos de neumonía de origen desconocido, en Wuhan, China, posteriormente fue identificado el agente causal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) nombró a este virus inicialmente como el nuevo coronavirus 2019 (2019-nCoV), el 12 de enero de 2020, mientras que el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV), lo acuñó como SARS-CoV-2 (síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2), ambos emitidos el 11 de febrero de 2020. La enfermedad causada por la infección de SARS-CoV-2 fue llamada por la OMS, enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) por sus siglas en inglés.

          Para poder dimensionar la magnitud del problema, la literatura médica demuestra que de 136 pacientes que presenten paro cardio-respiratorio por COVID-19 solo 18 lograrán salir del paro cardíaco, de estos solo 4 sobrevivirán a los 30 días y de estos solo 1 tendrá una mejoría neurológica completa. Lo que no solo representa un escenario tétrico para la humanidad, sino que representará también una repercusión inmensa en el sistema de salud que de manera inmediata impactará en el ámbito socioeconómico y político a una escala descomunal, por lo cual se ha convertido en el reto más grande para la humanidad en las últimas décadas. Para continuar con ejemplos en literatura médica, 1 de cada 3 pacientes que fallecen en EUA por COVID-19 son latinoamericanos. En palabras de Jerome Adams, director de salud de los EUA “El coronavirus no discrimina. No entiende de razas, de lo que sí entiende, sin embargo, es de condiciones médicas crónicas. Las condiciones más severas las vemos en gente pobre, negros y mestizos, que generalmente tienen una tasa desproporcionada de ellas, debido a los sistemas de salud en este país”.

          En este caso, es especialmente  álgido en la zona geográfica latinoamericana que se encuentra inmersa en una terrible  desigualdad socioeconómica con elevados índices de pobreza, pero esta problemática no es actual, México y la mayor parte de América Latina tienen un sistema de salud precario que se ha mantenido al borde del colapso desde hace décadas derivado de malos manejos y corrupción interminable de políticos irresponsables, sumado al tráfico de influencias que se lleva a cabo en las altas esferas hospitalarias y las élites políticas, lo que deja al sistema de salud desprotegido  generando una desconfianza total de la sociedad tanto hacia los gobernantes como hacia el personal de salud , quienes a pesar de todas estas penurias y carencias  han logrado mantener a flote los hospitales gracias a la dedicación, eterno sobre esfuerzo y, en este momento, se agrega también el elevado riesgo de infección y muerte. En palabras de Mariana Peix, enfermera pediátrica e ilustradora española: “si hay que luchar, luchamos, pero no nos deis escudos de papel”.

          Lamentablemente, sabemos que la ciencia no tiene libertad, está dominada por la política y la economía ya que al requerir recursos del estado, éste se convirtió en su amo y señor, dejando a la ciencia sin la posibilidad de decidir por sí misma hacia  dónde debe dirigirse, por lo que los preceptos éticos quedan de lado y son solo las ambiciones políticas las que manipulan al sector de la salud.

          Las respuestas latinoamericanas hacia la pandemia han sido fuertemente criticadas por los países de primer mundo, quienes las acusan de retardadas, insuficientes y mal organizadas, pero la pregunta que se formula es: ¿México y Latinoamérica han tenido una respuesta lenta para la pandemia de COVID 19? yo diría que sí, ¿qué tan lenta? la necesaria para permitir a la economía salir lo menos dañada posible, ya que las proyecciones económicas dibujan  un panorama desolador que no solo generará pobreza social, la cual impide que algunas personas tengan las mismas oportunidades de las que otras disponen, sino también pobreza biológica, la cual pone en riesgo la vida de los individuos, debido a la falta de sustrato o refugio.

          Las decisiones que se tomen hoy en día tendrán una repercusión enorme en los años venideros, ya que un error podría salvar miles de personas, pero terminar lanzando a millones hacia  la pobreza, acentuando la  desigualdad  ya de por sí tremendamente marcada, pero afortunadamente en los siguientes meses la pandemia de COVID-19 pasará, la superaremos y continuaremos en este planeta, las verdaderas preguntas son, qué clase de mundo tendremos posterior a este reto, y si realmente lograremos no solo como naciones, sino como especie cooperar lo suficiente para romper fronteras y ser solidarios.

          Al momento, los científicos y médicos lo están logrando, al dar una muestra contundente de cooperación social y científica con el intercambio gratuito de información recabada y plasmada en artículos científicos, ya que los países que se han enfrentado a esta pandemia han producido una cantidad impresionante de conocimiento, el cual comparten de forma gratuita hacia todo el mundo. Esta cooperación es la que realmente nos otorgará las herramientas para superar esta pandemia, debemos de tomar un papel protagónico como una América Latina unida lista para generar conocimiento y compartirlo con todas las naciones que lo necesiten, esperando que esto se contagie al ámbito económico ya que actualmente los gobiernos gastan más dinero en ejércitos organizando la muerte que en salud y bienestar social.

          Así pues, como bien lo describe Yuval Noah Harari, profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y filósofo de nuestra época, la clave para superar esta pandemia se llama “cooperación global”. También comenta que: “si la epidemia se traduce en una cooperación mundial más estrecha, será una victoria no solo contra el coronavirus, sino contra todos los futuros patógenos”.

          En conclusión, a pesar de las carencias en los servicio de salud Latinoamericanos debemos tomar el liderazgo de la región y compartir el conocimiento que iremos desarrollando durante esta pandemia con otras naciones para salir de esto como especie y no como individuos. En este sentido debe de quedarnos muy claro que  nuestro principal enemigo no es la enfermedad por COVID-19, nuestro principal rival, es la ignorancia, la desigualdad, el individualismo y el nacionalismo los cuales evitan de manera contundente lograr la cooperación global tanto científica como sociopolítica y económica necesaria para salir avante en este gigantesco reto; se requiere también, en palabras de Mahatma Gandhi, abolir lo que él  definió como  “los factores que destruyen al ser humano, “la política sin principios y la ciencia sin humanidad”. Después de esto no podemos regresar a la normalidad, ya que la normalidad es parte de este problema, debemos de superar esto con un aprendizaje global en cuanto a convivencia, cooperación, empatía social, ecología, autosuficiencia, entendiendo que los virus y las pandemias no respetan fronteras y solo nuestros actos como sociedad podrán llevarnos no solo a superar  esta crisis mundial, sino que habremos aprendido como humanidad una valiosa lección hacia cualquier obstáculo que se presente en el futuro.

 

 

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