Keep Tweeting

Jorge Alvis

The Graduate Center, CUNY

jalvis@gradcenter.cuny.edu

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Siendo ya presidente, un hombre desfiló frente a él en una manifestación llevando

una pancarta insólita: “Éste es un Gobierno de mierda, pero es mi Gobierno”.

Allende se levantó, lo aplaudió y descendió para estrecharle la mano.

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La foto es borrosa, lo recuerdo. Pero no la he podido encontrar. He pasado días buscándola en las fosas marianas de Google: son dos mujeres blancas y rubias de pie, una de ellas lleva en sus manos, a la altura del pecho, una pancarta de color naranja (o amarillo, ya no puedo recordarlo) con un mensaje de dos palabras, lacónico y eficiente: keep tweeting.

¿Por qué esta petición? Porque así entramos directo a la Oficina Oval de la mente del candidato-presidente, allí donde despuntan o los últimos pensamientos de la noche de ayer o los primeros de la madrugada de hoy que definirán el trending topic del día político. También porque podemos ver al sujeto tal cual es, single-minded, self-made, como podemos ser cada uno de nosotros, the REAL american.

Este electorado actual, además de trabajo, salud, educación, murallas y merchandise que diga “Made in USA”, también pide información. Por lo menos en dosis mínima de 140 caracteres que pueda suministrarse a través de la jeringa rectangular que todos llevamos en los bolsillos: el celular inteligente.

Pero no fue @POTUS45 quien creó este insólito acceso a la política, no fue él el primero en renovar las reglas de la incipiente netiqueta presidencial. Fue @POTUS44: ¿recordarán acaso que él anunció por SMS –un uso impensado entonces para los mensajes de texto– quién sería su vicepresidente para las elecciones del 2008? Seguro que no. ¿Recuerdan por lo menos cuál celular usaban en aquellos días?

El presidente del 2017 explota el camino abierto por el del 2008. Y lo único que hoy el presidente 45 parece necesitar para mantener su ráfaga de trinos es tener la batería cargada.

Pienso en el tipo de retórica, es decir de pragmática, que sería constituyente de Twitter. Pienso en un How to do things with 140 characters que exhaustivamente ilustre los nuevos alcances de una locución presidencial, pues cuando el secreto y la primicia están todos dicho por la red social, hay que preguntarse qué nuevo discurso a la nación puede dar el mandatario. Pienso también en un ars rhetorica 2.0 capaz de reinscribir el concepto de auditorio en el de followers, sean humanos, humanoides o bots; imagino un arte de la persuasión para contender con audiencias físicamente ausentes pero beligerantes como un ejército anfibio desplegado en bares y posts.

Al considerar estas dimensiones de la acción-lenguaje en la red social pienso en términos de escalas, en microrretóricas y microactos, tales como informar acusando, preguntar insultando, ordenar castigando, que son el tipo de ilocuciones que están forjando las noticias de último minuto.

El tuiter presidencial obliga a una pedagogía más aguda de la verdad en aulas, calles y redes sociales virtuales: una reeducación de los sentidos lectores que nos permita ya no solo distinguir lo verdadero de lo falso (como un asunto epistémico), sino aprender que ambos son inseparables de su puesta en escena digital (como un asunto ético y cosmético). Requerimos una pedagogía con la cual podamos decirles a nuestrxs estudiantes que sí, que el mundo en el que vivimos es una construcción social histórica, pero también que nos ayude a explicarles cómo algunas construcciones cuanto más “virales” más reales…

Por último, el candidato-presidente plantea el tuitear como un acto supremo de la libertad expresión. ¿Como es que todo el mundo en este país puede decir lo que quiera menos él? En este caso, un outburst en Twitter es una joya que trasluce su pensamiento político en toda pureza, ya que es lo que él realmente piensa, liberado de las ataduras éticas y estéticas del discurso político (lo cosmético de la verdad). “Dice lo que piensa”, aunque parece que no lo piensa mucho. Y sus acciones de gobierno no son más que las promesas de campaña: “Hace lo que promete”. No es un presidente manejando un rancho de Texas, sino el CEO de una puntocom: trump.com.

Vuelvo a la foto, que no por ausente es menos real: dos mujeres con un cartel, tal vez en una manifestación, en que piden a su presidente que siga siendo todos nosotros, o sea, ellos; que siga gobernando, es decir, produciendo verdad. Esta vez el personaje no bajará a darles la mano. Pero podría darles like.

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