Editorial

Action, as distinguished from fabrication, is never possible in
isolation; to be isolated is to be deprived of the capacity to act.

Hannah Arendt, The Human Condition, 1958.

 

[ES]

 

Puede parecer extraño, quizás, que el editorial de una revista dedicada a la lengua y la literatura comience hablando de cifras. Pero money makes the world go round, y, en el momento y el lugar que nos atañen, es importante empezar subrayando que el Graduate Center, espacio de formación de estudiantes de posgrado de la universidad pública de Nueva York, ha sufrido en los últimos meses, y a la postre de haber cerrado su presupuesto anual, un recorte que alcanza la cifra de 4.3 millones de dólares. Esta circunstancia forma parte de un panorama más amplio de medidas que reflejan un progresivo y estratégico abandono de responsabilidad por parte del Estado: el starving the beast que, desde 2008, ha supuesto la eliminación de 1.5 billones de dólares de los fondos estatales para CUNY y SUNY. Tales políticas de austeridad, que conducen a un nuevo caso de desmantelamiento de lo público, están encorsetadas en un sistema que no es ajeno a nadie que tenga relación con el modelo económico estadounidense, cada vez más reproducido en otras geografías. Conscientes pues, del punto en que estamos, hemos de comenzar hablando de dinero; también, sin embargo, de aquello que puede hacerse a pesar de este.

Nuestro Departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas y Luso-Brasileñas —víctima y parte de esta circunstancia global que da la espalda a todo lo relacionado con la sustentación del patrimonio cultural común— ha hecho su arma y su fuerza de la voluntad por mantenerse como espacio de resistencia frente estas políticas. Existe aquí una intención manifiesta de crear formas de comunidad intelectual que privilegien el trabajo colectivo para la democratización crítica del capital cultural, por encima de la producción de saberes acumulable y susceptible de ser convertida en producto de consumo, previa etiqueta y precio. Prueba de ello es que hoy estemos presentando este volumen, con el que celebramos el décimo año de actividad de la revista LL Journal, realizada sin apenas medios materiales, gracias a un equipo de trabajo constantemente renovado que, generación tras generación, se ha ido pasando el testigo y el compromiso conjunto y compartido del que hoy hablamos. Este modelo de herencia y desarrollo orgánico en el que la revista está pensada desde su nacimiento otorga a LL Journal una naturaleza específica que se sustenta en la suma comunitaria de energías; además da lugar a un crisol de maneras de hacer relacionadas entre sí y supone una pequeña muestra de los resultados alcanzables por medio de la inteligencia colectiva.

Es necesario, aun a riesgo de repetirnos, insistir en un asedio a la educación pública que estamos sufriendo todas, orquestado por entidades gubernamentales que atienden a intereses derivados del sistema capitalista que consideran y tratan el ámbito universitario como una pieza que debe satisfacer las demandas de ese engranaje económico: la universidad pensada como negocio, sus estudiantes como clientes; o, en una de las peores versiones, que es tristemente usual para las instituciones educativas públicas en este país, las estudiantes, provenientes en su mayoría de clases sociales no precisamente privilegiadas, son proyectadas como prototrabajadoras destinadas a cubrir empleos de formación media, condicionadas por el requerimiento de profesionales utilitarias que desempeñen una función subsidiaria del sistema.

Bajo premisas como estas, la situación material de la universidad pública no puede ser sino lamentable: profesoras que llevan más de cinco años sin contrato y con los sueldos congelados; alumnas y familias que contraen deudas de miles de dólares para adquirir una formación cada vez más precarizada. A ello cabe añadir cómo el dinero destinado a la organización de eventos y encuentros públicos, con los que devolver a la ciudadanía los saberes cuya producción financia con sus impuestos, se ha ido recortando hasta cifras risibles.

Frente a ese panorama y contra él, siguen emergiendo, pese a todo, aspiraciones y esfuerzos de resistencia dirigidos a defender la educación como un derecho y la universidad pública como una sutura necesaria que estreche, en la medida de lo posible, la brecha de la desigualdad. En nombre del equipo editorial de este número, en el de las compañeras que nos precedieron, y en el de todas aquellas que con su ayuda han hecho posible la revista, queremos colocar nuestra pequeña barricada en este campo de batalla. Entendemos que la tribuna desde la que hablamos nos obliga a un posicionamiento y no tenemos dudas de que nuestra vocación y nuestra energía pasa por concebir lo académico, lo literario, lo artístico, lo cultural, lo lingüístico, como patrimonios comunes y herramientas que inciden positivamente en la sociedad, fuera de réditos personales o corporativos. La recién renovada indexación de LL Journal como parte del directorio de revistas de acceso abierto (DOAJ) y, más ampliamente, nuestro apoyo al Movimiento Open Access, es también parte de este deseo de posicionarnos como espacio intelectual y cultural democrático.

Cada artículo, reseña, entrevista, imagen publicada en este volumen es un pequeño gesto de entrega de sus autoras al vasto corpus de la cultura de todas. El mero hecho de reflexionar, escribir y publicar un artículo sobre un tema, sea o no supuestamente ajeno a lo político concreto, es ya un gesto –así lo creemos y concebimos aquí- de reacción y resistencia contra la deriva a la que nos conduce el sistema actual. El proyecto social de esta revista ha sido manifiesto en nuestros cauces de comunicación, y las estudiantes y profesoras que han querido colaborar con nosotras han estado siempre al tanto de dicho proyecto. A todas ellas agradecemos su ayuda y su generosidad.

 

El equipo editorial

11 de diciembre de 2015

 

[PT]

 

Pode parecer estranho, talvez, que o editorial de uma revista dedicado à língua e à literatura comece falando de cifras. Contudo money makes the world go round, e, no momento e lugar que estamos, é importante começar dizendo que o Graduate Center, espaço de formação de estudantes de pós-graduação da universidade pública de Nova York tem sofrido nos últimos meses, e a propósito de haver fechado seu orçamento anual, um corte orçamentário que alcança a cifra de 4,3 milhões de dólares. Essa circunstância forma parte de um panorama mais amplo de medidas que refletem um progressivo e estratégico abandono de responsabilidade por parte do Estado: el starving the beast que, desde 2008, tem proposto a eliminação de 1,5 bilhões de dólares dos fundos estatais para CUNY e SUNY. Tais políticas de austeridade, que conduzem a um novo desmantelamento do público, estão espartilhadas em um sistema que não é distante a ninguém que tenha relação com o modelo econômico norte-americano, cada mais reproduzido em outras geografias. Conscientes, portanto, do ponto em que estamos, comecemos falando de dinheiro, também, daquilo que se pode fazer apesar disto.

O nosso departamento de Línguas e Literaturas Hispânicas e Luso-Brasileiras –vítima e parte desta circunstância global que dá as costas a tudo que seja relacionado à sustentação do patrimônio cultural comum– fez de sua arma e força de vontade em manter-se como espaço de resistência frente a essas políticas. Existe aqui uma intenção manifesta de criar formas de comunidade intelectual que privilegiem o trabalho coletivo para a democratização crítica do capital cultural, através da produção de saberes, acumulável e suscetível a ser convertida em produto de consumo, com etiqueta e preço. Prova disso é que hoje estamos apresentando este volume, que celebramos o décimo ano de atividade da revista LL Journal, realizada sem meios materiais, graças a uma equipe de trabalho constantemente renovada que, geração após geração, tem passado o testemunho e o compromisso conjunto do que falamos hoje. Este modelo de legado e desenvolvimento orgânico em que a revista foi pensada desde o seu nascimento, outorga ao LL Journal uma natureza específica que se sustenta na suma comunitária de energia; além de dar lugar a várias maneiras de se fazer relacionadas entre si e supõe uma pequena mostra dos resultados alcançáveis por meio da inteligência coletiva.

É necessário, ainda que com o risco de nos repetir, insistirmos em um assédio à educação pública que estamos sofrendo todas, orquestrado por entidades governamentais que atendem a interesse derivados do sistema capitalista, que consideram e tratam o âmbito universitário como uma peça que deve satisfazer as demandas dessa engrenagem econômica: a universidade pensada como negócio, suas alunas como clientes; ou, em uma de suas piores versões, que é tristemente comum para as instituições educacionais deste país, as alunas, provenientes em sua maioria de classes sociais não precisamente privilegiadas, que são projetadas como prototrabalhadoras destinadas a cobrir empregos de formação média, condicionadas pelo requisito de profissionais utilitárias que desempenhem uma função subsidiária do sistema.

A partir dessas premissas, a situação material da universidade pública só pode ser lamentável: professoras há mais de cinco anos sem contrato e com os salários congelados; ex-alunas e famílias com dívidas de milhares de dólares para adquirir uma formação cada vez mais precária. A isso, vale acrescentar como o dinheiro destinado à organização de eventos e encontros públicos, que devolvem à população os saberes cuja produção é financiada com seus impostos, foram cortados a cifras risíveis.

Frente a esse panorama e contra ele, continuam surgindo, apesar de tudo, aspirações e esforços de resistência dirigidos a defender a educação como um direito e a universidade pública como uma sutura necessária que estreite, na medida do possível, a brecha da desigualdade. Em nome da equipe editorial deste número, e das companheiras que nos antecederam, e de todas aquelas que com sua ajuda fizeram esta revista possível, queremos colocar nossa pequena barricada neste campo de batalha. Entendemos que a tribuna da que falamos nos obriga a um posicionamento e não temos dúvidas que nossa vocação e nossa energia passa por conceber o acadêmico, o literário, o artístico, o cultural, o linguístico, como patrimônios comuns e ferramentas que incidem positivamente na sociedade, fora de réditos pessoais ou corporativos. A recém-renovada indexação do LL Journal como parte do diretório de revistas de acesso aberto (DOAJ), e mais amplamente, nosso apoio ao movimento Open Access, é também parte desse desejo de nos posicionar como espaço intelectual e cultural democrático.

Cada artigo, resenha, entrevista, imagem publicada neste volume é um pequeno gesto de entrega de suas autoras ao vasto corpus da cultura de todas. O simples fato de refletir, escrever e publicar um artigo sobre um tema, seja ou não supostamente alheio ao político concreto, já é um gesto – assim acreditamos e concebemos aqui – de reação e resistência contra à deriva que conduz o sistema atual. O projeto social desta revista tem sido manifesto nas nossas vias de comunicação, e as estudantes e professoras que já colaboraram conosco estiveram ao lado de tal projeto. A todas agradecemos sua ajuda e sua generosidade.

 

A equipe editorial

11 de dezembro de 2015

 

[EN]

 

It may seem strange that the editorial note of a journal dedicated to language and literature starts with numbers. But money makes the world go round and, at the time and place that concern us, it is important to start by highlighting the case of the Graduate Center, training space for graduate students of the City University of New York (CUNY), that has suffered a budget cut this past month for the sum of 4,3 million dollars. This circumstance is part of a broader picture of measures that reflect a progressive and strategic lack of responsibility of the State that, by starving the beast, since 2008, has eliminated 1.5 billion of state funds to CUNY and the State University of New York (SUNY). Such austerity policies that lead to a new bash of dismantling the public sphere are corseted in a system that is not foreign to anyone that knows the US economical model, which is increasingly reproducing itself in other geographies. Being conscious of that, therefore, it is a must to start talking about money, and, at the same time, what can be done despite that fact.

Our Department of Hispanic and Luso-Brazilian Languages and Literatures, as victim and part of this global circumstances that doesn’t take into consideration the subsistence of a common cultural heritage, has made both its weapon and strength of its will of remaining as a space of resistance against these. There is here a clear intention of creating an intellectual community to privilege the collective work towards the critical democratization of cultural capital, over the production of knowledge, combinable and susceptible of being converted into a consumable product, before labeling it or pricing it. As proof of that, we are presenting this volume, with which we celebrate a decade of the LL Journal, made almost without materials, and thanks to a group constantly renovated that, generation to generation, has witnessed what we are talking about today. This inheritance model and organic development gives the LL Journal a unique nature that sustains itself in the sum of community energy. Also, it saves a space to consider it as a melting pot of interrelated ways of creating attainable results through collective intelligence.

It is necessary to insist that this a siege to public education completely orchestrated by government agencies that are driven by the capitalist system, one that considers and treats the university as a fundamental part of that economic gear. Designed as a business, its students may be clients, or, in a worst scenario, which is sadly common for public educational institutions in this country, female students mostly coming from underprivileged social classes, are represented as workers designed to seek average jobs. In most of the cases, they end up playing a secondary role in this utilitarian system.

Under this assumptions, the situation of the public university can only be unfortunate: female professors who spent more than five years without a contract and with salary freezes; female students and families crammed into debts of thousands of dollars to acquire an increasingly precarious education. In addition, it is ridiculous how the money that is taken out of the citizen’s taxes for the organization of public events and meetings to return back to society the knowledge produced in these schools, has been cut to very low levels.

Nevertheless, even facing this panorama, some resistant initiatives focused on defending education as a right and the public university as a whole, have joined forces in order to tighten the gap of inequality. We want to place our small barricade in this battlefield on behalf of the editorial team of this issue, that of the colleagues who preceded us, and that of all those who have made this possible. We are aware that the grandstand from which we speak forces us to assume a position and because of that we have no doubt that our vocation and energy goes to conceive each field (academic, literary, artistic, cultural, and linguistic) as common assets and tools that positively affect the society, out of personal or corporate credit. Part of our desire as well is to position ourselves as a democratic intellectual and cultural space by supporting the Open Access movement, which provided us a newly renovated indexing for the LL Journal.

Each article, review, interview, image published in this volume is a small gesture of each author’s devotion to a vast corpus of cultures. The mere fact of thinking over, writing and publishing an article about a specific topic/subject, whether or not alien to politics, is already a sign of resistance against the system. The social project of this journal has been clear through our communication channels, and the students and teachers who wanted to collaborate have always been aware of the project. To all of them, we appreciate your help and generosity.

 

The editorial team

December 11, 2015

 

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