El muerto

Gsús Bonilla

 

El muerto

Lleva una hora muerto porque lo dice el reloj.
El reloj dice: no parpadees, no abras más los ojos.
Enfríate como una madruga del norte, dice el reloj,
y en menos de una hora el muerto se ha convertido
en un inmenso jardín de hermosas flores de hielo salado.
El reloj se para justo en esa hora y en esa hora todo sucede:
el cuerpo se endurece, se vuele blanco y empieza la putrefacción de los órganos.
Y mientras el cuerpo se vuelve pálido el reloj se para, de repente,
y ya no me dirige nunca más la palabra.

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