“Néstor Perlongher: the Poetic Search for an Argentine Marginal Voice”

Bollig, Ben. Néstor Perlongher: the Poetic Search for an Argentine Marginal Voice. Cardiff: University of Walles Press, 2008. 245 páginas
 
 
Marcos Wasem
The Graduate Center, CUNY
 
 
El interés por la obra del escritor argentino Néstor Perlongher ha ido creciendo desde su muerte por el virus del SIDA en 1992, no solo en Argentina y Brasil, donde vivió, sino también en otros países (Estados Unidos, Inglaterra, Israel) donde se vienen llevando a cabo investigaciones relativas tanto a su producción poética como a su prosa.  La compilación y re-edición en años recientes de la mayor parte de su obra puso a disposición de los investigadores materiales que permiten hacerse una idea de conjunto del recorrido estético e intelectual de Perlongher.  De todos los trabajos publicados hasta el momento, el de Ben Bollig es el más abarcador, pues se refiere al conjunto de la obra del poeta argentino, poniendo en relación su producción poética con  las preocupaciones académicas y políticas manifestadas en sus textos en prosa, como sus estudios sobre la prostitución masculina en São Paulo, sobre el SIDA y sobre los rituales de consumo de la ayahuasca en Brasil, o en artículos y ensayos de corte más político acerca de la guerra de las Malvinas, políticas de minorías o cuestiones de género.  Los trabajos críticos anteriores se han referido más bien a aspectos parciales de su producción.

Ben Bollig ve en Perlongher a un actor relevante en el establecimiento de las ideas y estrategias características de los movimientos sociales que conforman las izquierdas latinoamericanas en la actualidad, especialmente en Argentina y Brasil.  En la conclusión de su estudio sitúa a Perlongher como un representante de una de las tendencias canónicas en la literatura argentina: aquella que toma tanto al proletariado como al lumpenproletariado como objeto de estetización.  Pero mientras los antecedentes literarios de esta práctica (Echeverría, Sarmiento, Güiraldes son mencionados como tales) oponen a la mirada romántica arrojada sobre estas clases sociales una solución en favor de las clases dominantes , Bollig califica la fascinación de Perlongher por los travestis, los roqueros, los chamanes o lostaxy-boys de São Paulo como “honesta y visceral” (229).  Este posicionamiento deriva de la adhesión estratégica a paradigmas post-estructuralistas, de corte anti-humanista, opuestos a la centralidad que conceptos como identidad o nación ocupaban en las ideologías idealistas y positivistas que se manifestaban en los autores canónicos.  El cambio de paradigma conlleva una inversión conceptual, sustituyendo aquellos conceptos por los de devenir y territorio.

En el segundo capítulo, “Perlongher and Territory”, Ben Bollig traza las líneas que se pueden seguir a lo largo de la obra poética de Perlongher como un recorrido territorial.  En primer lugar, un movimiento de cruce de fronteras, de tentativa de salida de los límites del estado-nación. Este movimiento aparecería en los primeros libros, Austria-Hungria y Alambres.  A él sigue otro, que se cumple en una situación de exilio, y que pasa por el nomadismo como estrategia de  subjetivación.  Parque Lezama y Hule serían los libros que plasman este segundo movimiento.  El tercer movimiento es el movimiento ascensional, reflejado en la búsqueda mística de la producción última de Perlongher, en Aguas aéreas y en el póstumo El chorreo de las iluminaciones. En todos estos recorridos, el movimiento marca una tendencia de fuga, hay un deseo de ruptura de la identidad, de salida de sí, que adopta direcciones diversas, pero siempre ensayando alternativas estratégicas para el ataque a los órdenes y los discursos sociales imperantes.  De ahí que los recorridos trazados en la escritura de Perlongher posean por ello (en mayor o menor medida, pero nunca ausente) un componente político.

A partir de este planteo, Ben Bollig se centra en aspectos particulares de la obra de Perlongher, dando cuenta de algunas de las batallas interpretativas que ya se van estableciendo en torno a su obra.  La actitud política de Perlongher es puesta en relación con sus opciones estéticas, que recogen elementos de la vanguardia y de la poesía social argentinas, así como del neobarroco, que Bollig califica como pseudovanguardia (227), una tendencia, una vanguardia sin manifiesto(170) y de la lírica roquera de músicos como Luis Alberto Spinetta, que incorpora elementos surrealistas en sus letras.  Según Ben Bollig, es necesario resituar a Perlongher en relación a un corpus más amplio que aquel del neobarroco, con el que el escritor argentino se identificaba y sobre el que teorizó.  Ben Bollig (171) considera que el neobarroco constituyó (o constituye aún hoy en día) una “sociedad de admiración mutua” de las que habla Pierre Bourdieu en Les règles de l’art, al referirse a la constitución de un campo autónomo para el arte.  La búsqueda de autonomía oponía, durante la salida de las dictaduras en el Cono Sur, el pluralismo y la apertura estéticos a la censura y el exilio de artistas que había caracterizado los períodos de gobiernos militares.  Como contrapartida, eso conllevó un solapamiento de los nuevos mecanismos de control y exclusión que se inauguraron con el período del auge neo-liberal que siguió luego de las dictaduras.

Al situar a Perlongher en relación con el contexto del neobarroco, Ben Bollig compara la escritura de este con la de Emeterio Cerro, para marcar el rasgo diferencial, de carácter más político, que se manifiesta en la escritura de Perlongher.  Mientras el neobarroco anteponía la preocupación experimental y formal al uso político del lenguage, Perlongher le habría dado un giro que lo acercaría a autores como Juan Gelman o Raúl González Tuñón.  Bollig se da cuenta también de aquello que aleja a Perlongher de la poesía social de escritores que habían trazado el campo literario argentino antes de su propia aparición.  Su escritura aparece con posterioridad a la masacre de Ezeiza, y al rechazo del Frente de liberación homosexual (el FLH, que Perlongher contribuyó a fundar) por parte de Montoneros y de otros grupos de la izquierda revolucionaria en la Argentina de fines de los 60 y comienzos de los 70.  De hecho, y esto Ben Bollig lo pone de relieve, su interés teórico por el neobarroco aparece tardíamente, una vez culminados los procesos dictatoriales.  Sin embargo, pese a que la elaboración teórica en torno a la noción de neobarroco es relativamente tardía en Perlongher, ello no significa que él no estuviera haciendo uso, ya en los años 70, de estrategias que ya estaban elaborando y promoviendo los escritores cubanos que Perlongher cita (Lezama Lima, Severo Sarduy), y también algunos brasileños, como Haroldo de Campos, cuyos planteamientos (ya había utilizado la expresión neobarroco como propuesta para comprender lo que llamaba la “obra de arte abierta” por los años 50) circulaban por la región.

El rescate de retóricas, formas y estrategias de escritores del barroco áureo (como Góngora, a quien Perlongher menciona asiduamente, pero también de Quevedo, que no aparece en los escritos del argentino) que estos autores latinoamericanos llevaron adelante no fue en absoluto pasivo, sino que atravesaron una operación antropofágica (término que Haroldo de Campos toma de Oswald de Andrade, reivindicador temprano del barroco colonial en Brasil) que habilitaba a Perlongher a combinar esas mismas estrategias con otros materiales, como los elaborados por las mismas vanguardias, pero también con elementos de la cultura lumpenproletaria, donde el kitch hace su entrada.  Por eso Ben Bollig entiende el neobarroco de Perlongher en particular como un vanguardismo kitch.  Un vanguardismo a destiempo, si se quiere, puesto que aparece con posterioridad al agotamiento de las vanguardias, dado por el fracaso del proyecto de fusión del arte con la vida, como lo señalan tanto Peter Bürger como Eric Hobsbawm (Bollig, 81 y ss.).

Ben Bollig parece por momentos oponer dicotómicamente las nociones de vanguardia, poesía social y (neo)barroco.  Por ejemplo, al situar históricamente al grupo cubano Orígenes como iniciador de la tendencia neobarroca  en América Latina, Ben Bollig reconoce la importancia que tuvo la generación española del 27, y de la figura de Juan Ramón Jiménez en la elaboración conceptual sobre el barroco, pero señala que el grupo Orígenes estaba también en contacto con las vanguardias europeas (166).  Esto, que es verdad, no lo es menos para la generación del 27 española, que también tenía sus vínculos con las vanguardias del resto de Europa.  Tal vez es menos interesante preguntarse por el grado de relevancia de las vanguardias para el neobarroco que por la vuelta de tuerca que la adopción del barroco como estrategia supuso para el procesamiento local de los discursos vanguardistas venidos de Europa.  Esa barroquización implica también un principio de cambio en las estrategias políticas y de énfasis respecto de las vanguardias.

Para comprender esto es necesario detenerse en las prácticas de escritura de Néstor Perlongher.  Ben Bollig (72 y ss.) analiza uno de los poemas deAustria-Hungría, “(Estado y soledad)”, mostrando cómo en él se da la estetización del ambiente callejero, pues se combinan metáforas crudas y obscenas y circunloquios sexuales del lenguaje coloquial, con alusiones a la mitología clásica (Zeus, Patroclo, Aquiles, Líber, Arce). Pero en esta isotopía que Bollig identifica como mitológica, se da un mecanismo que es posible también encontrar en textos de corte satírico y político de Quevedo, una de las fuentes ocultas de Perlongher.  Bollig no capta aquí una dilogía para cuya comprensión se necesita compartir cierto código local, que transforma la alusión cifrada de cuño barroco en una herramienta de intervención política:  dos de los nombres mentados en ese poema,  Líber y Arce son nombre y apellido respectivamente del estudiante comunista uruguayo asesinado por la policía en 1968 en Montevideo –lo que por otra parte agrega un elemento más al contexto uruguayo de Austria-Hungría que Bollig identifica.  Al ponerlos en una relación sintagmática con las alusiones mitológicas, Perlongher puede hacer pasar desapercibido algo que no escapa a quienes comparten el código clandestino necesario en el contexto de luchas políticas, clandestinas a su vez, de modo no muy distinto a la clandestinidad que revestían las relaciones homosexuales.  De hecho, cuando la homosexualidad pierde esa clandestinidad para pasar a ser una opción más de mercado en el período neo-liberal pos-dictatorial, Perlongher anuncia su desaparición.

Esto lleva al repaso de las prácticas y las posiciones políticas del escritor argentino.  Su crítica a los movimientos y partidos de izquierdas, que habían adoptado la vía de resistencia armada frente a unos estados que habían institucionalizado la violencia política (antes de los golpes militares, como en el caso de Líber Arce), no proviene del lugar complaciente que algunos intelectuales latinoamericanos adoptaron a la salida de los procesos dictatoriales, como promotores cooptados de una ideología neo-liberal que garantizó que los mecanismos de explotación y de transformación de los ciudadanos en consumidores que las dictaduras habían establecido se consolidaran una vez que  estas concluyeron. Ben Bollig muestra cómo Perlongher recorrió un camino inverso, de radicalización creciente, que arrancó de la adhesión a las posturas de León Trotsky y de Rosa Luxemburgo (firmó algunos sus escritos con el seudónimo “Rosa L. de Grossman”), figuras ambas de la oposición de izquierdas, que expresaron visiones críticas hacia la dirección que la revolución bolchevique fue tomando.  Su recorrido derivó en última instancia hacia posturas anarquistas.

Un ejemplo interesante es la actitud de Perlongher sobre la estrategia de alianzas entre las organizaciones homosexuales brasileñas y el naciente Partido dos trabalhadores.  Felix Guattari (que, a juicio de Perlongher, “vino a Brasil a llevarse el brillo espermático de Mr. Lula en un frasquito”, cuando viajó allí en 1982) proponía esta alianza como una vía para romper una enguetización que podía cristalizar en formación de identidades, y volverse por lo tanto contraproducente para las derivas del deseo.  Guattari entendía esa integración como una estrategia de creación de redes de resistencia política.  En su ensayo “Devenires minoritarios”, Perlongher sopesa este riesgo, y lo confronta al otro riesgo, el de una cristalización de los devenires dada justamente por los procesos de incorporación institucional.  Las radios libres brasileñas, por ejemplo, desaparecen una vez legalizadas: el movimiento deja de tener la fuerza que tenía desde una posición de resistencia.

Es poco después de esto que Perlongher anuncia la desaparición de la homosexualidad, y comienza a interesarse por los rituales del consumo de la ayahuasca.  Este interés, que reviste en principio un carácter académico (Perlongher era antropólogo, viajó a París para llevar adelante su investigación sobre estos rituales), no estaba desligado de sus anteriores búsquedas.  Pero las condiciones habían cambiado. Ben Bollig afirma (196) que la aparición del SIDA alteraba radicalmente las posibilidades de la transgresión sexual como forma de resistencia política, y que el misticismo proveía otra estrategia de disolución del yo y de salida de sí.  Es una nueva búsqueda que Perlongher emprende, probablemente antes de enterarse de su enfermedad (esto sucedería recién en París, en 1989; aunque existe cierta confusión en las fechas que se manejan en los textos que se refieren a este asunto, ver Ben Bollig: 196).  Esta nueva orientación no correspondería ni a una ruptura radical con la obra anterior de Perlongher, como lo planteó Juan José Sebreli en “La historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires”, ni a otra etapa en el recorrido por los devenires minoritarios, como lo interpretó Osvaldo Baigorria en su artículo “La rosa mística de Luxemburgo”, publicado en la colección de ensayos Lúmpenes peregrinaciones.

Este giro o movimiento ascensional, que tiene su envés lírico en Aguas aéreas y en el póstumo El chorreo de las iluminaciones, plantea un problema para Ben Bollig, porque identifica en estos libros elementos de mística cristiana, que entran en conflicto con toda la elaboración teórica que Perlongher venía haciendo.  Si bien el elemento cristiano está presente en estos ritos, que poseen un carácter sincrético, no es acertado asimilar la experiencia mística del ritual de la ayahuasca con el místicismo de Santa Teresa de Jesús, como lo hace Ben Bollig.  La teleología  del viaje místico de tradición cristiana es incompatible con la búsqueda que Perlongher inicia en esta etapa final.  Su búsqueda no estaba orientada hacia la unicidad que la mística cristiana plantea como destino en la unión con Dios, sino más bien hacia formas minoritarias de religión y de experiencia, donde no hay una dirección predeterminada.  Se puede ver este recorrido más bien en la línea de las búsquedas que llevó a cabo Antonin Artaud en México, por ejemplo, entre los rarámuris (Bollig menciona a Artaud como uno de los antecedentes de Perlongher, pero refiriéndose más a la relación de este último con el surrealismo que a sus búsquedas místicas).  Por eso, pese a que la argumentación de Ben Bollig es sólida y tiene un buen fundamento textual, creo que la interpretación que ofreció Osvaldo Baigorria en el trabajo ya mencionado describe mejor este momento final de la vida y la obra de Perlongher.

Finalmente, en 1992, el SIDA viene a cortar definitivamente el recorrido de este nómada que fue Perlongher. Qué otros recorridos, qué otras búsquedas llevaría adelante este intelectual atípico si la muerte no hubiera cortado los movimientos del deseo, es algo imposible de adivinar.  Lo que sí es cierto, y la reciente publicación de este estudio de Ben Bollig lo corrobora, es que su figura va cobrando un lugar cada vez más relevante en la literatura latinoamericana contemporánea, tanto por su poesía como por su copiosa obra en prosa, que se va transformando en una referencia inevitable para comprender el pensamiento de la región en el último cuarto del siglo XX, y constituye, a su vez, una base de comprensión de los movimientos sociales que se movilizan actualmente en el Cono Sur.

 
 

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